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Vigilemos a los gatos paracaidistas

12 Julio 20092.406 vistasSin ronroneos

Las urgencias veterinarias en verano se disparan con casos de gatos que se caen por las ventanas por culpa de su instinto, curiosidad o temeridad felina, lo que popularmente se conoce como el síndrome del gato paracaidista, aunque es algo que puede suceder en cualquier época del año.

Los gatos sienten curiosidad de salir por las ventanas, a las terrazas e incluso a posarse y caminar como acróbatas felinos por bordillos y barandillas. Esta peligrosa costumbre que pone taquicárdicos a los humanos no parece ser algo temerario para los gatos.

En verano las ventanas de las casas suelen estar abiertas casi todo el día, y es más frecuente que los gatos se asomen al alféizar, atraídos porque ven pájaros o mariposas y escuchan ruidos que les llaman la atención.

La denominación de paracaidista se debe a que los gatos caen como si hicieran paracaidismo, ya que colocan las patas para que actúen como un muelle que amortigüe el impacto, lo que les permite sobrevivir a golpes mortales para cualquier otro animal. La caida del gato es una muestra de las habilidades felinas que tienen los gatos.

Aunque el riesgo de muerte se reduce al 20% de los casos, los gatos no salen ilesos de estos aparatosos golpes y lo más común es que se rompan la mandíbula o el paladar, y algunas veces la cosa se complica con hemorragias internas o roturas de órganos, indica la veterinaria de la clínica Los Ángeles, Belén Gutiérrez.

La gravedad del incidente no sólo depende de la altura desde la que caen, sino que influyen factores como la edad del gato y el peso. “Los gatos viejos suelen tener sobrepeso y pueden llegar a los siete kilos, con lo que las daños son mayores”, señala Vallejo.

En caso de no tener dolencias internas, la recuperación de los gatos es rápida, como la de Misi, un siamés de un año y medio, que se cayó desde un cuarto piso y sufrió un desplazamiento de la mandíbula y una fisura del paladar, pero en una semana ya pudo volver a su casa.

Pero Alexandra Erdody aconseja a los dueños que no bajen la guardia porque los “gatos paracaidistas” son reincidentes y asegura que en su clínica han atendido gatos que han repetido la aventura hasta cinco veces.

La vigilancia comienza por conocer esta costumbre gatuna y establecer límites, cerrando las ventanas a las que pueda acceder el gato, o cerrando la puerta si alguien se encuentra en una habitación y necesita tener la ventana abierta por el calor.

En el libro Alegatos de los gatos de Antonio Burgos describen de forma divertida esta costumbre, contando además un episodio real; en el número 8 del capítulo de código de comportamiento gatuno: “Sal a recibir a tus amos a la terraza; cuando salgan del coche sube a la barandilla, y maúlla para llamar su atención (esto les gusta sobretodo si vives más arriba de un segundo piso), verás como te llaman y te saludan a gritos.”

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