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Toxoplasmosis, mujeres embarazadas y gatos (3)

15 septiembre 201091 lecturasSin ronroneos
 

Frente a la psicosis generalizada sobre la toxoplasmosis y su peligrosidad para el desarrollo del bebé durante la gestación, algunas mujeres que tuvieron un embarazo saludable mientras seguían cuidando de sus gatos dentro del hogar, han publicado sus testimonios para tranquilizar a otras mujeres embarazadas primerizas. Pocas parejas obtienen información veraz y rigurosa sobre la transmisión de la toxoplasmosis y frente a escuchar el criterio de su obstetra, médico ginecólogo o su veterinario/a, reciben en proporción una avalancha de advertencias de supuestos benefactores, quijotes bien intencionados pero sin ningún conocimiento científico, entre familiares, conocidos, compañeros del trabajo, etc. que “por su bien” les indican que tendrían que desprenderse de sus gatos para evitar riesgos para el bebé.

Mi vecina me anunció que estaba embarazada, y a continuación lamentó la miríada de amigos y conocidos que ya habían recomendado que se deshiciera de su gato y lo sacara lo más pronto posible de casa. Su experiencia desencadenó que se reavivaran algunos de mis recuerdos recientes. En una de las celebraciones de nacimiento (baby shower, en los países de tradición anglosajona), un batallón de futuras tías abuelas alzó la voz en coro para advertir literalmente que “los gatos podrían absorber la respiración del bebé” (Así, tal cual). Otra mujer de avanzada edad añadió que los gatos podían detectar por olfato el rastro de la lactancia para atacar al recién nacido. Después de una serie de admoniciones, la alegría y regocijo por mi inminente maternidad se había prácticamente evaporado de mí.

mujer embarazada y gato

Muchas mujeres embarazadas que tienen gatos domésticos han experimentado posiblemente la misma situación. En nuestro caso, nunca quisimos tener hijos, y en vez de tener un correteo de pequeñas pisadas por nuestra vivienda, habíamos adoptado varios gatos callejeros. Cuando descubrimos que estaba embarazada tras 16 años de matrimonio (sí, dieciséis años casados antes de tener el primer bebé), llegaron las advertencias de un ejército de benefactores, susurrando historias de proporciones mitológicas acerca de bebés y malignos gatos.

Mi clínica veterinaria local atestigua que bastantes mujeres embarazadas han acudido para preguntar si era necesario desprenderse de sus gatos domésticos. La principal preocupación -fundamentada y justificada- de cualquier mujer embarazada que tenga un gato es limpiar la bandeja de arena. Tu propio obstetra te preguntará con toda seguridad si tienes animales domésticos en casa durante el examen prenatal rutinario. Se deben tomar medidas de precaución al limpiar las heces de los gatos en la bandeja sanitaria dado que la toxoplasmosis, una enfermedad infecciosa producida por un endoparásito intracelular coccidiano del grupo Apicomplexa denominado Toxoplasma gondii, tiene una de sus formas parasitarias en los ooquistes, expulsados en las heces fecales por los gatos, hospedadores definitivos tras infectarse al comer carne con quistes tisulares llenos de la forma parasitaria bradizoítos, de otro animal infectado, sea un ave, roedor o algún mamífero silvestre o doméstico de la industria ganadera. Si la infección se produce por primera vez en la vida de la mujer embarazada cuando ya estaba en gestación, puede provocar desde el aborto a graves malformaciones neurológicas y oculares en el bebé si se transmite a través de la forma parasitaria replicativa taquizoítos por la placenta al feto en las primeras semanas de gestación. La toxoplasmosis también se contrae al consumir carne cruda contaminada por quistes tisulares o al ingerir ooquistes accidentalmente por agua, tierra o vegetales contaminados.

Durante mi primera consulta médica para el examen prenatal, al saber que teníamos gatos, mi obstetra recomendó que fuera mi marido quien limpiara siempre la bandeja de arena de los gatos mientras durara el embarazo, sugerencia que acepté con mucho gusto, dado que se trata de una de las tareas más rutinarias y tediosas para toda persona que tenga gatos. Los ooquistes expulsados en las heces de los gatos se vuelven infecciosos por esporulación en 24 horas después de que el felino defeque, tanto contaminan la arena y el medioambiente circundante como pueden llegar a la boca a través del aire, por lo tanto, si no tienes a alguien que te ayude en casa, además de la pala y los guantes de latex, deberías portar una máscara sanitaria. Aunque una mujer embarazada siempre debería poder delegar tareas tanto de limpieza (quitar las heces de los gatos, renovar la arena de la bandeja sanitaria cada semana) como de cocina (manipular alimentos, lavar verduras, cortar y asar la carne) en su cónyuge, pues es su obligación ayudarla, si por horarios o por su jornada laboral no pudiera ocuparse su pareja, debería recibir ayuda de algún familiar o persona de confianza que haga las tareas de riesgo.

Las buenas noticias, aunque no son de plena garantía respecto a no contraer la infección parasitaria, es que existe un test diagnóstico para que las mujeres embarazadas sepan si han padecido toxoplasmosis. Si has tenido mascotas durante años o has estado en contacto con animales domésticos a lo largo de tu vida, podrías haber estado en contacto con el parásito Toxoplasma gondii en el pasado y es probable que el test salga positivo, tal como una prueba cutánea de derivado proteico purificado (PPD, test de tuberculina o test de Mantoux) puede reflejar exposición previa pero no necesariamente significa que tengas la enfermedad. Las personas que nunca han tenido contacto con gatos generalmente no habrán desarrollado inmunidad al parásito toxoplasma a menos que padecieran una infección por otras fuentes como agua o alimentos contaminados, sobre todo carne cruda poco asada que tuviera quistes tisulares o vegetales contaminados de ooquistes.

De acuerdo con otro médico, los gatófilos veteranos, incluso personas -no solamente mujeres mayores- que además de haber tenido gatos domésticos durante años también han atendido en el pasado a gatos callejeros de colonias en zonas periurbanas o rurales, suelen ser inmunes al parásito porque ya han tenido contacto previo en su vida y el sistema inmunitario conserva memoria contra el patógeno. Mientras los gatos domésticos totalmente caseros, religiosamente desparasitados y vacunados, que solo se alimentan de comida envasada para gatos y nunca han salido del interior de un apartamento salvo en las visitas a clínica veterinaria, no suelen infectarse, con la excepción de los gatos de interior de viviendas unifamiliares, chalets o casas bajas cuyos dueños permiten a sus gatos salir a vagabundear y merodear para regresar a su antojo tal como ocurre en las poblaciones rurales, los gatos callejeros y silvestres contraen habitualmente la infección al cazar presas como aves o roedores con quistes tisulares repletos de células parasitarias de Toxoplasma. Pero toda esta información no ofrece una garantía total, por lo que las medidas de precaución y la delegación de las tareas de riesgo son las dos palabras fundamentales durante el embarazo.

Una enfermera interna de nuestro centro de salud, tras mencionarnos un caso que ella había conocido directamente de un recién nacido con malformaciones del sistema nervioso central atribuidas a la toxoplasmosis, aconsejó que era preferible no adoptar un gato callejero abandonado ni traer un gato nuevo al hogar durante todo el embarazo y esperar a que la gestación se desarrollara hasta dar a luz al bebé.

Nuestro veterinario declaró, sin embargo, que los humanos no son los hospedadores intermediarios más habituales del parásito toxoplasma, quizá por este motivo la enfermedad infecciosa no es rampante entre los dueños de gatos, sino que los animales que más padecen la infección parasitaria son aves, roedores y mamíferos tanto silvestres como domésticos en las granjas y explotaciones ganaderas que a pesar de ser herbívoros se infectan por ooquistes en grano y pastos que son parte de su alimento, y cuya carne, sea pollo, pavo, cerdo, vacuno, debe pasar por medidas estrictas de control sanitario para evitar quistes tisulares, aunque los gatos son los hospedadores definitivos y la única especie animal en expulsar ooquistes.

Adicionalmente, los ooquistes expulsados en las heces de los gatos se vuelven infecciosos por esporulación, pero tal proceso solamente florece en toda su toxicidad en un tiempo mínimo de 24 horas, aunque la esporulación puede tardar entre 1 – 5 días. Por eso, mientras los gatos callejeros y silvestres que padecen la infección parasitaria pueden contaminar el medioambiente al defecar en el suelo de zonas periurbanas, rurales e incluso tierra húmeda de cultivo y pastos de ganado, por donde nadie pasará a limpiar las heces de gato; en el caso de los gatos domésticos de interior, es casi imposible que aún padeciendo la infección, los ooquistes se vuelvan infecciosos por esporulación dado que hasta el dueño más descuidado, negligente, vago u holgazán limpia la bandeja de arena de su gato como mínimo una vez al día, tirando las heces a la basura, generalmente en una bolsa separada del resto de residuos orgánicos, fuera de las salas y habitaciones de la vivienda. Basta por tanto con limpiar las heces del gato de la bandeja de arena dos veces al día para impedir una contaminación por ooquistes esporulados. Y dicha tarea debería realizarla otra persona que no sea la mujer embarazada, con las debidas protecciones (pala, guantes, etc.) Además de quitar las heces del gato dos veces al día, la bandeja de arena deberá vaciarse y lavarse con lejía antes de reemplazar con arena nueva, una vez por semana.

mujer embarazada y gato

Aunque hay evidencias tangibles que apuntan a los peligros de la toxoplasmosis contraída durante el embarazo, el pensamiento acrítico y acientífico, las falsas creencias e ideas erróneas que rodean a los gatos caseros y los bebés recién nacidos se han difundido de forma desproporcionada. Incluso mujeres con formación universitaria han llegado a prevenirme con el bulo de que un gato podría absorber la respiración del bebé, una imagen digna de una novela de Stephen King. El cuento popular de que los gatos absorben la respiración de los bebés probablemente proviene del medievo cuando los gatos estaban asociados a la brujería. Su merodeo nocturno mancilló todavía más su mala reputación, y pronto se extendieron las supersticiones sobre el infortunio o el mal presagio que supone toparse con un gato negro. Frente a medidas drásticas, crueles y lesivas para el gato doméstico, lo más serio y sensato es realizar los exámenes médicos prenatales junto con un test diagnóstico de la toxoplasmosis y que la mujer embarazada pueda delegar las tareas de riesgo en su pareja, tales como limpiar las heces de los gatos de la bandeja de arena; en caso de no tener siempre disponible al cónyuge, recibir el apoyo de alguna persona de confianza.

Al ser preguntado respecto a todos los temas controvertidos sobre la compatibilidad entre bebés y gatos, la convivencia con gatos en el hogar durante el embarazo, nuestro veterinario reflexionó con sentido pesar que los gatos habían sufrido injustamente por una siniestra reputación que han arrastrado durante siglos. Tristemente, ante la incertidumbre y el bombardeo de advertencias sobre la peligrosidad de los gatos para el bebé, muchas mujeres embarazadas se deshicieron de su gato en un centro de recogida de animales o lo entregaron en adopción a otra familia, antes que buscar más información con rigor científico y organizarse en la vivienda para evitar riesgos de infección, cuando en realidad existen más probabilidades de infectarse por toxoplasmosis por la carne u otros alimentos contaminados con quistes que tengan las células parasitarias. ¿Quién no recuerda una imagen infantil representando una bruja con un gato posado en la parte posterior de su escoba como un pasajero en una motocicleta? La superstición invade nuestro sentido común a diario, mezclándose con la cacareada racionalidad del Homo Sapiens. Todavía hay adultos -y no todos provienen del ambiente embrutecedor de las aldeas rurales sino que se criaron en ciudades- que hacen una mueca o se doblan al toparse con un gato negro, que de la misma manera se asustan al verter la sal en la mesa o al pasar por debajo de una escalera, considerando que tendrán mala fortuna o achacan sus problemas a un mal de ojo, cuando todo es consecuencia de sus malas decisiones. El folklore de sociedades ancestrales permanece incrustado en nuestra consciencia, y aunque deberíamos descartar ciertas creencias como puro cuento, el pernicioso poder de los gatos todavía se entromete en el pragmatismo, de ahí la abundancia de mitos y leyendas sobre bebés y gatos.

El sentido común y la prudencia son bienvenidos como los compañeros más adecuados para guiar el entendimiento cuando se trata de llevar a un recién nacido a un hogar donde habitan animales de compañía, como los gatos. Descubrí que el gato más afectuoso quería estar cerca del bebé porque el bebé estaba junto a mí. Mi gato confiaba en el pequeño humano recién nacido porque yo lo llevé a casa en brazos y era parte de mí. Su actitud estaba determinada por la seguridad y confianza que yo le había transmitido al cuidarlo desde que entró a formar parte de la familia. Los gatos domésticos son animales dependientes de los dueños de la vivienda y particularmente ven a los humanos que cuidan de ellos bajo el aspecto de la teoría de la separación maternal y la teoría del apego a un cuidador primordial. Tal como un niño pequeño puede retorcerse por celos hacia otro infante que recibe más atenciones, así actuará un gato si lo dejan totalmente excluido. El impacto del abandono en el gato no es tan diferente de un niño pequeño repentinamente privado de su madre, y que no encuentre una madre sustituta que lo cuide, si ha sido un gato dependiente desde sus primeros años de vida, pasando de una crianza cálida y satisfactoria a una carencia afectiva total, provocando trastornos de sociabilidad.

“Trae un bebé al hogar y aquel felino a quien se profesaba devoción se trastornará con una carga de problemas de abandono”. A los gatos les gusta acurrucarse sobre su cuidador/a de una manera similar al recién nacido con su mamá, que ahora da prioridad absoluta a su bebé. Como el bebé estaba junto a mí constantemente, el gato intentaba colarse para hacerse el remolón entre nosotros, en algunas ocasiones colocando de forma inestable su peso corporal contra el bebé. Sería descuidado y negligente dejar a un bebé desatendido junto a un gato tal como sería irresponsable dejar a un infante solo aunque estuviera junto a su hermano de 18 meses. Aquellos de nosotros que somos devotos mascoteros tenemos una responsabilidad y compromiso en el cuidado de nuestros animales de compañía como si se tratara de un miembro de la familia, no nos desprenderíamos de nuestros leales gatos como un padre de un niño de dos años no abandonaría nunca a su bebé.

Los libros y publicaciones sobre el cuidado de bebés sugieren que ningún animal doméstico, incluyendo los gatos, tengan acceso a la habitación del bebé una vez que llegue al hogar, colocando una malla o red que haga de barrera alrededor de la cuna del bebé frente a la proverbial curiosidad felina. Elegimos que nuestra bebé durmiera al principio con nosotros como medida de seguridad. Ninguno de los dos tomamos fármacos para dormir, no solemos beber antes de acostarnos, ni nos movemos o giramos en exceso al acostarnos por lo que no había riesgo de voltearnos sobre ella. Hasta que un bebé gane tamaño, capacidades y seguridad, la habitación donde estará su cuna es territorio prohibido para los gatos. El tiempo lo determinarán papá y mamá según crezca el pequeño humano de la casa, aunque lo más prudente es esperar a que el bebé pueda dar sus primeros pasos sin ayuda y empiece a mostrar capacidad lingüística.

Las reacciones de los gatos ante un bebé varían según la personalidad del felino doméstico, aunque generalmente suelen ser: temor, indiferencia o simpatía. Una madre me comentó que sus gatos evitaron inicialmente a su niña al llegar a casa y se ocultaban porque tuvieron miedo de los sonidos que hacía la bebé. Quizá por eso algunas madres se hacen con grabaciones de audio con vocalizaciones de recién nacidos para preparar la llegada de su futuro bebé y hacen que los gatos de su hogar escuchen tales sonidos en un contexto donde están relajados y contentos. Algunos de mis gatos se mostraron malhumorados y celosos; uno de los gatos llegó a estar tan mohíno y taciturno al sentirse desplazado por la bebé que comenzó a arrancarse mechones de su propio pelaje como si tuviera un trastorno obsesivo-compulsivo. En vez de acudir a la clínica veterinaria para que nos prescribieran antidepresivos para el gato, que de hecho son fármacos utilizados en la actualidad para medicar en trastornos obsesivos-compulsivos en animales, tratamos de prestar más atención al gato tristón para reconfortarlo de modo que no se sintiera marginado. Otro de los gatos asumió en cambio el rol protector, comportándose casi como un perro, sentándose a montar guardia al lado de la bebé y mostrándose muy ufano.

Dado que los niños pequeños y los ancianos son los principales grupos de riesgo de padecer cualquier infección, mantener la bandeja de arena del gato totalmente alejada y fuera de su alcance es de capital importancia cuando el bebé empiece a reptar, moverse gateando -nunca mejor dicho- y dar sus primeros pasos. Llevarse cualquier cosa a los labios, tocar con las manos todo lo que pillen por el suelo y después colocar sus dedos en la boca es una conducta instintiva en los bebés, sin ninguna capacidad de diferenciación entre un anillo mordedor para su dentición, un chupete, o lo que puedan tomar con sus pequeñas manos en la bandeja de arena. En la clínica veterinaria nos insistieron en la importancia de desparasitar interna y externamente a nuestros gatos, dado que los parásitos pueden transferirse con facilidad de un hospedador a otro. Si la bandeja de arena permanece en alguna sala de la vivienda y no se puede colocar en una terraza o zona exterior ventilada pero sin que el gato pueda intentar escapar por una ventana, es conveniente delimitar alrededor una zona vallada con una puerta tipo gatera que permita acceder al gato pero no al bebé. Y, por supuesto, siempre existe la constante tarea de educar a nuestro bebé sobre qué lugares son peligrosos y por qué motivos se mantienen vedados.

Una se asombra de la cantidad de gatos caseros que fueron llevados a centros de recogida de animales o que acabaron sacrificados al tiempo de ser abandonados por sus anteriores dueños, que se dejaron llevar por el miedo, entrando estúpidamente en pánico, cuando las supersticiones del folklore y el pensamiento acrítico desautorizaron el criterio científico de obstetras, ginecólogos y veterinarios, rechazando simples pautas de sentido común. Al educar a un niño en un hogar con gatos, se les enseña otro tipo de afectividad y la responsabilidad inherente a tener animales de compañía. Nuestro médico de familia nos dijo que era preferible para nuestra hija tener gatos antes que criarse en una casa sin ningún tipo de mascota. Los gatos, añadió, traen buen karma.

Traducido a español desde el artículo original en inglés de la autora Catheen Chance Vecchiato en Gatos y bebés: hechos frente a mitos.

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