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Leucemia Felina

27 Marzo 20116.860 vistasSin ronroneos

La leucemia es una patología caracterizada por la inmunosupresión, el virus de la leucemia felina (VLFe) inhibe el sistema inmunitario al atacar células especializadas dentro de los denominados glóbulos blancos y predisponiendo al gato a las infecciones por enfermedades denominadas oportunistas. Induce el desarrollo de tumores y se considera un cáncer de los leucocitos, las células especializadas del sistema inmunitario. La capacidad infecciosa del virus de la leucemia felina depende del estado inmune del ejemplar concreto, aproximadamente, sólo un 30% de los gatos en contacto con el virus de la leucemia desencadenan enfermedad. No se ha encontrado evidencia de que el virus de la leucemia felina pueda transmitirse a especies no felinas, el riesgo de contagio está sobre todo entre los gatos domésticos, no afecta a otros mamíferos con los que convivan, ni es una zoonosis, esto es, no se contagia a humanos. Al tratarse de enfermedades que provocan problemas inmunológicos, sí existe riesgo de que contraigan enfermedades que aprovechen su baja respuesta inmunitaria y se puedan transmitir posteriormente a otros animales que también presenten problemas inmunológicos.

El virus de la leucemia felina (ViLeF) es un retrovirus del género Gammaretrovirus, perteneciente a la subfamilia Oncornavirinae. Los viriones constan de envoltura, núcleo y nucleocápside. El virus de la leucemia felina (ViLeF) tiene doble molécula de ARN, que al igual que el resto de retrovirus, posee los tres genes esenciales, gag, pol y env. Se trata de virus con envoltura, formada por una membrana de origen celular constituida por una doble capa de composición lipídica, con proyecciones poco definidas. Presenta tres categorías de antígenos:

1- Antígenos de la envoltura: glucoproteína gp70, responsable de la estimulación de anticuerpos protectores y la proteína p15e, relacionada con la inmunosupresión. 2- Antígenos del núcleo o internos: p10 (proteína de la nucleocápside), p12, p15 (proteína de la matriz) y p27 (proteína de la cápside). Este último es el que permite identificar el virus. La enzima transcriptasa inversa es la que posibilita la replicación viral. 3- Antígeno de membrana asociado con el Oncornavirus felino, denominado FOCMA. Este es un antígeno tumoral específico hallado en la superficie de las células infectadas por ViLeF, que han sufrido transformación maligna. Los anticuerpos que induce previenen las neoplasias linfoides y mieloproliferativas inducidas por el virus.

Se han descrito cuatro subtipos de virus de la leucemia felina: ViLeF-A, ViLeF-B, ViLeF-C y ViLeF-T, que poseen una gran homología genómica entre ellos. ViLeF-A está fuertemente asociado a las enfermedades (tanto proliferativas como no proliferativas) de gatos domésticos, y se aísla de todos los gatos infectados. ViLeF-B y ViLeF-C son defectivos y requieren estar con la variante ViLeF-A para ejercer su acción patógena. ViLeF-B se relaciona con el desarrollo de linfoma y ViLeF-C con la aparición de anemia aplásica.

ViLeF-T, de marcado carácter T-linfotrópico, es el virus que induce inmunosupresión grave en el sistema inmunitario del gato, al destruir las células especializadas en los glóbulos blancos. Los subtipos se diferencian además pues emplean distintos receptores para penetrar en las células. El reconocimiento se hace entre estos receptores celulares y la región aminoterminal de la glucoproteína gp70. En el caso de ViLeF-T necesita tanto una de las citadas moléculas transportadoras como un segundo co-receptor o factor de entrada. Este segundo receptor se denomina FeLIX.

Cómo se transmite la leucemia felina

Por contacto a través de la saliva principalmente, que en los gatos infectados presenta viremias persistentes, también por las secreciones nasales y las lágrimas. En menor medida es posible que se transmita también a través de la orina y las heces. Un gato positivo en VLFe podrá transmitir el virus de la leucemia felina a otros gatos a causa de las heridas causadas en peleas, también compartiendo los recipientes de comida, agua, la bandeja sanitaria con arena donde orinen y defequen. Los gatos pueden transmitirse la leucemia al lamerse el pelaje, incluyendo la cabeza, cooperando para darse aseo mutuo. No obstante, aunque la convivencia tenga muchas prácticas de riesgo en las que se exponen los gatos, es necesario un contacto muy íntimo y sostenido entre un gato infectado por el virus que causa la leucemia felina y otros gatos que no padezcan la enfermedad para que se dé el contagio, ya que el virus se inactiva con gran rapidez tras su liberación en el ambiente, no hay condiciones climáticas especialmente favorables. Se considera que la transmisión de la leucemia felina se da con mayor frecuencia entre gatos amigos que afectuosamente se dan lametones y se asean juntos, siendo al menos uno de ellos virémico, que en gatos que tienen enfrentamientos y se causan heridas al pelearse.

También las transfusiones de sangre pueden ser un mecanismo de transmisión de la leucemia felina. Las madres pueden traspasar a sus hijos el virus de la leucemia felina durante la gestación, por vía intrauterina o transplacentaria, y después del nacimiento durante el periodo de amamantamiento o lactancia. La hembra preñada que está infectada por el virus de la leucemia felina puede padecer, cuanto más aguda sea la viremia: muerte embrionaria de las crías, muerte de las crías en el parto o bien gatitos virémicos que mueren rápidamente después del nacimiento. Dada la fragilidad del virus en el ambiente, es muy poco probable el contagio de leucemia felina en clínicas veterinarias, exposiciones de razas de gatos, cheniles de perreras, en las guarderías, residencias o en los refugios de asociaciones protectoras de animales, etc. dado que además se suele desinfectar con cuidado las zonas donde van a estar los animales.

Patogenia de la leucemia felina

La patogenia de la leucemia felina es una infección persistente que altera y desequilibra el sistema inmune del gato, debido a la fuerte pérdida de células especializadas dentro de los denominados glóbulos blancos. La infección por ViLeF está muy influenciada por la capacidad de respuesta inmune que tenga el gato expuesto al virus. Otros factores que influyen en la patogenia son la edad del animal, la carga vírica inicial, la duración y frecuencia de la exposición al virus. Tras la exposición y contagio del virus de la leucemia felina, existen distintos pronósticos: -infección aguda, -viremia persistente, -infección latente, -infecciones atípicas.

Aplicando técnicas en biología molecular como la PCR (Polymerase Chain Reaction, en inglés, reacción en cadena de polimerasa) cuantitativa que determina la carga vírica en los gatos infectados, se han caracterizado mejor estos tipos de infección, incluyendo especialmente aquellas atípicas o discordantes, y se ha definido la infección abortiva en los animales resistentes a la infección causada por el virus de la leucemia felina.

Después de la infección inicial, que ocurre principalmente por vía oronasal, el virus se replica en el tejido linfoide local de la orofaringe. En función de la respuesta inmune en esta fase inicial, se distinguen varias etapas o fases de la infección: en muchos de los gatos, aproximadamente un 60%, la replicación vírica se frena por una efectiva y duradera respuesta inmune mediada por células y el virus es eliminado completamente del organismo. Estos gatos suelen tener altos niveles de anticuerpos neutralizantes y un cierto grado de inmunidad ya adquirida. En menos de la mitad de ellos, la infección queda restringida a la cavidad oronasal, el virus nunca se disemina en forma sistémica y la infección no se llega a detectar porque son siempre negativos a la detección de p27 (proteína de la cápside), entre los antígenos del núcleo o internos.

Esta situación de eliminación temprana de la infección se ha propuesto recientemente como infección abortiva o lo que es lo mismo, gatos resistentes a la infección justo en su contagio, para diferenciarlo de la infección regresiva propiamente dicha, que sería aquella en la que se produce una fase inicial de viremia que es controlada por la respuesta inmune sistémica, y quedan protegidos contra nuevas infecciones o re-infecciones en periodos cortos de tiempo. La respuesta inmune es tanto humoral como celular. En un muy pequeño porcentaje de gatos, la producción de anticuerpos no se requiere necesariamente para la protección del organismo frente al virus de la leucemia felina.

Si la infección no se elimina inmediatamente, el virus de la leucemia felina infecta linfocitos y monocitos circulantes: esta es la etapa de viremia inicial. Esta viremia puede ir acompañada de signos observables en el gato como malestar, fiebre o linfoadenomegalia resultante de la hiperplasia linfoide. Durante esta fase, el virus infecta preferentemente tejidos que incluyen timo, glándula endocrina que participa en la función inmunitaria a través de los linfocitos T, también en las glándulas salivares, nódulos linfáticos y en el bazo, replicándose en sus centros germinales. Dependiendo de la respuesta inmune que pueda desarrollar el animal después de esta diseminación del virus, la viremia será más o menos larga.

Si esta viremia inicial dura sólo unas semanas se conoce como viremia transitoria. En la mayoría de los gatos la viremia transitoria dura menos de 2 semanas, tiempo durante el cual el animal excreta virus, resultando contagioso para los demás gatos con los que conviva. La mayoría de los gatos son capaces de eliminar la viremia y la infección en este estadio de la enfermedad. Estos gatos desarrollan una respuesta inmune eficaz y están protegidos frente a nuevas exposiciones al virus de la leucemia felina. Tienen por tanto, un riesgo muy bajo de desarrollar enfermedades relacionadas con ViLeF, debido a la inmunosupresión derivada de la leucemia. Sería lo que se conoce como infección regresiva. Con técnicas moleculares precisas como la PCR cuantitativa, se ha podido detectar el provirus, ADN viral integrado en el genoma de una célula huésped, en un número muy bajo de células en sangre circulante en gatos que tradicionalmente se consideraba que habían eliminado completamente la infección, aún inactivo se seguirá replicando pasivamente conforme la célula huésped lo vaya haciendo, por lo que se mantiene una infección latente.

Por el contrario, si la viremia se prolonga más de 3 semanas, el virus puede infectar las células madre hematopoiéticas de la médula ósea, originando granulocitos y plaquetas infectados que circularán por todo el cuerpo. En este momento hay un alto nivel de viremia y los órganos linfoides y las glándulas salivares también están infectados, encontrándose hasta 1 millón de virus por mililitro de saliva. Una vez que las células de la médula ósea se infectan, el virus no puede ser eliminado completamente del organismo, ya que está integrado como provirus en el ADN celular de las células madre de la médula ósea, el gato permanecerá infectado de manera latente y el riesgo de contagio en este estadio es muy alto.

Infección latente

En algunos gatos que padecen leucemia felina, la médula ósea se infecta pero no se liberan células infectadas o antígeno p27 (proteína de la cápside). Es lo que se conoce como infección latente. Aunque el provirus permanece en las células no se produce un aumento de la viremia y los gatos permanecen aparentemente sanos. La infección latente puede reactivarse espontáneamente o como respuesta a una inmunosupresión, como la administración de altas dosis de glucocorticoides, manifestándose entonces una nueva viremia en el gato. Como se ha mencionado en las vías de transmisión del virus de la leucemia felina, la glándula mamaria de las madres infectadas puede producir virus durante la lactancia, incluso si la madre tenía la infección latente y no presentaba signos de padecer leucemia, aunque el mayor riesgo de transmisión a las crías se produce desde la gestación si hay viremia aguda en la gata.

Viremia persistente

Si durante la infección de la médula ósea el sistema inmune no es competente, la respuesta no es lo bastante fuerte a nivel celular, debido a bajos o nulos niveles de anticuerpos neutralizantes y de linfocitos T citotóxicos, se producirá una replicación masiva de virus y el desarrollo de viremia persistente, en la que el virus está en la sangre tanto libre como asociado a células, diseminándose a múltiples tejidos epiteliales y glandulares, favoreciendo así la transmisión: el riesgo de contagio del virus de la leucemia felina en este estadio es muy alto. Los gatos enfermos de leucemia con un nivel de viremia persistente son, por tanto, muy infecciosos para otros gatos. Esta viremia persistente da lugar a una infección estadiza o progresiva en aproximadamente el 30% de los gatos que se infectan. El pronóstico de estos gatos es reservado, ya que tras un periodo asintomático, la mayoría muere en dos o tres años por una enfermedad relacionada con ViLeF. El riesgo de aparición de una viremia persistente fatal depende fundamentalmente del estado de su sistema inmunitario y la edad del animal, pero también de la duración de la exposición y la carga vírica infectiva. Los gatos jóvenes o inmunodeprimidos tienen mayor riesgo de desarrollar una viremia persistente y su pronóstico es más grave.

Infecciones atípicas de leucemia felina

En ciertos gatos (5-10%) se ha descrito lo que se conoce como infecciones atípicas, que no siguen el patrón general de la patogenia de ViLeF. En estas infecciones se incluyen aquéllas que mantienen la replicación vírica en ciertas localizaciones diferentes a la médula ósea y que desarrollan un síndrome de inmunodeficiencia adquirida.

Se caracterizan por ser infecciones secuestradas en diversas localizaciones del cuerpo del gato como los tejidos epiteliales, la vejiga y los ojos, y tejidos glandulares como la glándula mamaria, por una respuesta inmune parcialmente eficaz. Estos animales pueden sufrir periodos alternantes de viremia y en algunos casos empeorar la enfermedad a una viremia persistente.

Patogenia de los tumores generados por la leucemia felina

FeLV es un virus oncógeno que causa diferentes tumores en los gatos, principalmente linfoma y leucemia. El mecanismo por el cual el virus induce tumores no se conoce totalmente, aunque probablemente se debe a la inserción del genoma vírico en el ADN celular cerca de, o interrumpiendo, un oncogen celular (como myc y fit-I) originando la activación excesiva o sobre-expresión de dicho gen y la proliferación celular incontrolada, derivando en la formación de tejido cancerígeno. Esta acción patógena parece que se frena en presencia de anticuerpos anti-FOCMA.

Signos clínicos en un gato infectado por el virus de la leucemia felina

Los gatos infectados por ViLeF llegan a consulta con signos no-específicos tales como: anorexia, pérdida de peso, infecciones oportunistas. Las formas de presentación de la enfermedad se pueden clasificar en dos tipos: neoplásicas y no-neoplásicas. Estas pueden encontrarse cada una individualmente o combinadas en los pacientes.

Enfermedad neoplásica: ViLeF es un virus oncogénico que induce varios tipos de tumores, pero por los más prevalentes son el linfoma y la leucemia. El linfoma es una neoplasia de linfocitos malignos que se origina en nódulos linfáticos, tracto digestivo, hígado, bazo o cualquier otro órgano con tejido linfoide, distinguiéndose de la leucemia linfoide ya que esta tiene su origen en la médula ósea.

· Linfoma: se detectan el linfoma mediastínico, el mesentérico y el extra-nodal.
· Leucemia linfoblástica:
– Neoplasias mieloproliferativas.
– Fibrosarcomas, osteocondromas, neuroblastomas.

Enfermedad no-neoplásica:

· Anemia no-regenerativa: como consecuencia de mielosupresión, mielodestrucción o enfermedades mieloproliferativas.
· Anemia hemolítica: puede ser inmunomediada o secundaria a mycoplasma haemofelis.
· Pancitopenia: aparece en casos avanzados de mielosupresión.
· Inmunosupresión: se la asocia con la infección viral de las plaquetas y de los neutrófilos, lo que conduce a alteraciones en la quimiotaxis y en la fagocitosis. Esto predispone a enfermedades secundarias tales como estomatitis, abscesos, piotórax, dermatitis, peritonitis infecciosa felina (PIF), toxoplasmosis y cryptococcosis.

· A nivel reproductivo, el virus de la leucemia felina puede causar infertilidad y abortos. En los gatitos recién nacidos puede inducir un síndrome de apagamiento, caracterizado por falta de reflejo de succión, deshidratación, hipotermia y atrofia de la glándula timo, responsable de la respuesta inmunitaria.
· Desórdenes inmunomediados: glomerulonefritis autoimmune, uveitis, poliartritis neutrofílica. Uveitis
· En los ojos de un gato enfermo por leucemia felina se puede observar anisocoria, una alteración de las pupilas, como consecuencia de la acción del virus en sistema neurovegetativo, que también puede provocar incontinencia urinaria.

anisocoria en un gato enfermo de leucemia felina

gato enfermo de leucemia felina
A la izquierda, gato enfermo con signos clínicos como la anisocoria, alteración de las pupilas.
A la derecha, linfoma mesentérico, situado en la membrana serosa que constituye un repliegue plano del peritoneo, donde confluyen vasos sanguíneos y linfáticos con destino a las vísceras abdominales. Une al estómago y el intestino delgado con las paredes posteriores del abdomen.

Diagnóstico de leucemia felina

Los métodos de diagnóstico que se emplean pueden ser serológicos, que permiten el diagnóstico a través de reacciones antígeno-anticuerpo, hematológicos, que permiten cuantificar una bajada drástica del nivel de linfocitos y monocitos dentro de los glóbulos blancos o la detección de antígenos en la fase inicial de viremia, o virológicos, donde se evidencia de la presencia del virus o de su ácido nucleico. Generalmente los métodos directos como el virológico se emplean menos para inferir que el animal está infectado, y en cambio son la base de estudios de investigación sobre enfermedades víricas.

El diagnóstico serológico es especialmente complejo ya que si bien el virus de la leucemia felina (ViLeF) estimula la producción de anticuerpos, la presencia de éstos no coincide con la gravedad de la infección, o con el curso de la misma, por lo que la detección de anticuerpos no se utiliza para el diagnóstico. Afortunadamente, en gran parte de los animales infectados se puede detectar uno de los antígenos víricos, la proteína de la cápside o p27, que se libera en gran cantidad a partir de las células infectadas, incluso no unida a partículas víricas. El diagnóstico serológico de ViLeF recae en determinar la presencia de p27, en células mediante inmunofluorescencia directa o en ciertos fluidos orgánicos, tales como plasma, saliva o lágrimas, mediante el test ELISA. Dado lo complejo de la patogenia de ViLeF, las pruebas serológicas deben emplearse sólo tras una comprensión completa de sus limitaciones.

Los métodos serológicos, en particular los kits comerciales basados en la técnica ELISA, son los más utilizados en la práctica rutinaria tanto en clínicas veterinarias como en laboratorios. Son métodos rápidos, sencillos y bastante fiables. Se han desarrollado variantes de ELISA, a las que han dado nombres tales como inmunocromatografía o inmunomigración rápida, presentándolos en forma de surtido comercial. Existen kits que a partir de una pequeña extracción de sangre permiten la detección conjunta de VIF-ViLeF, la inmunodeficiencia y la leucemia felinas, dicho de otro modo, presentan un sencillo test cromatográfico: junto a la línea de control se puede colorear una barra que nos indica que el gato ha dado positivo en la enfermedad, si tras unos 10 minutos no se colorea la barra, se trataría de un negativo. Es un test rutinario siempre que se encuentra un gato callejero y se lleva a la clínica veterinaria antes de integrarlo en una vivienda con otros gatos.

Es conveniente efectuar el test ELISA para ViLeF, antes de la aplicación de la vacuna pues, como esta enfermedad tiene un curso largo, podemos estar vacunando un animal enfermo y ésta resultaría inútil. La prueba detecta al antígeno y no la formación de anticuerpos específicos como respuesta inmunitaria, por tanto la vacunación no daría positivos. Hay que tener en cuenta que la baja presencia de la proteína p27 en saliva o lágrimas implica que los resultados del diagnóstico de ViLeF sean intermitentes, por lo qe son menos precisos y están más sujetos a errores técnicos que al emplear sangre o plasma, llegando a un 30% de resultados falsos negativos en gatos virémicos, según estudios de Swango, 1991, Babyak, 1996, y el método RT-PCR de 98,1% y 99,2%, respectivamente según Gomes-Keller, 2006.

La inmunofluorescencia directa se emplea para la detección de células (linfocitos, neutrófilos o plaquetas) infectadas por ViLeF. Las muestras de sangre (completa no coagulada), extraídas como máximo 1-2 días antes, deben remitirse refrigeradas, o bien en forma de frotis (extendido de una gota de sangre en la superficie de un portaobjetos, con el fin de analizarla posteriormente) de sangre entera, capa flogística o médula ósea, secados al aire y sin fijar. Ya en el laboratorio, se examina usando anticuerpos monoclonales anti-p27 de ViLeF marcados con fluoresceína, permitiendo la detección del antígeno p27 en células infectadas. Esta prueba tiene un 99% de especificidad, pero sólo da positiva cuando el virus ha llegado a la médula ósea y libera células infectadas. Esto hace que se la considere muy segura para poner en evidencia a los gatos virémicos persistentes. Dentro de las técnicas serológicas se incluyen también la detección de anticuerpos anti-gp70 y anti-FOCMA.

Las técnicas virológicas, también llamadas directas, se dirigen a poner en evidencia la presencia del virus en sí mismo por medio del cultivo, pero esto tiene grandes inconvenientes técnicos, que implica que no se realice rutinariamente. Sin embargo, cada día se emplea más la técnica de la reacción en cadena de la polimerasa o PCR. Esta técnica se puede realizar para detectar ViLeF tanto en los linfocitos periféricos como en muestras de tejidos conservados en formol. Cuenta con una gran sensibilidad, pudiendo detectar 100 células infectadas por ViLeF en un total de 106 células según estudios de Arjona, 2006. Se han propuesto diferentes técnicas que amplifican regiones genómicas variadas, incluyendo uno de los tres genes del retrovirus, denominado gag.

Tratamiento de la leucemia felina

El tratamiento de esta virosis es paliativo y sintomático. Sumado al tratamiento específico para cualquier desorden neoplásico o degenerativo, el gato virémico (ELISA +) debe recibir un tratamiento agresivo contra las infecciones oportunistas. A causa de la inmunosupresión deben preferirse los antibióticos bactericidas. En los gatos con la forma no-neoplásica se ha empleado como terapia antiviral el fármaco Zidovudina (5mg/kg/c 12h), obteniéndose una prolongación notable de la longevidad y de la calidad de vida del gato enfermo. En cambio los ejemplares con manifestaciones neoplásicas y no-neoplásicas simultáneas, requieren tratamiento con Zidovudina y con quimioterapia, con el consiguiente deterioro de los gatos debido a la enfermedad y a la aplicación de ambas terapéuticas. Otro antiviral que ha sido probado es Interferon Omega (106 IU/kg/c24 h) obteniéndose una mejoría en la tasa de supervivencia de los pacientes. También se propone el empleo de inmuno-estimulantes tales como: proteína A del Estafilococo (10 ug/kg 2 veces/día), la cual ha sido probada en gatos virémicos persistentes.

Es frecuente encontrar gatos infectados por VIF y ViLeF simultáneamente. El pronóstico, en estos casos es grave, a pesar de que se intente la terapia antirretroviral. En los gatos infectados por ViLeF con tumores (linfoma) también se indica la quimioterapia. Las sustancias más usadas son ciclofosfamida, vincristina y prednisona combinadas (COP) y luego se agrega la doxorrubicina (COPA) obteniéndose una mejoría en la longevidad y calidad de vida de los enfermos. En cambio en las leucemias inducidas por este virus los resultados de la quimioterapia son desfavorables. Aunque el pronóstico sea grave y la longevidad de los gatos enfermos se vea fuertemente reducida, no se recomienda la eutanasia por el hecho de padecer leucemia felina, si no se da un conjunto de factores por los que el gato esté sufriendo.

Existen vacunas contra la leucemia felina a virión muerto completo y a subunidades proteicas, donde el virus inactivado o subpartes del mismo no tienen potencial dañino contra el organismo del gato y desencadenan un respuesta inmunitaria. Hay trabajos que demuestran una mayor efectividad de las primeras. Con respecto a la forma neoplásica de la enfermedad, es muy probable que las vacunas no tengan efectividad, pero lo cierto que esto es de muy compleja demostración por la enmarañada patogenia de esta enfermedad. Actualmente también se cuenta con vacunas recombinantes, las cuales demuestran una excelente inmunogenicidad y menor probabilidad de efectos colaterales. Se recomienda vacunar a los gatitos a las 8 semanas y a las 12 semanas de vida. Luego de esta primo-vacunación solo se recomienda revacunar a los gatos expuestos, debido a la convivencia con gatos no vacunados o gatos integrados en un hogar después de sobrevivir en las calles. Aunque se ha observado en algunos casos clínicos la formación de sarcoma en las zonas de inoculación, tanto de la vacuna contra la leucemia felina y de fármacos para el tratamiento de los gatos enfermos, no hay suficientes estudios para establecer la relación de causalidad, salvo que se ha concluido que es preferible evitar inyecciones con múltiples coadyuvantes a los fármacos.

Profilaxis, medidas de prevención de la leucemia felina

* Evitar el hacinamiento de gatos sin conocimiento de su estado de salud, pues la enfermedad se transmite por contacto estrecho y a través de la saliva, sobre todo en gatos amigos que se asean mutuamente, incluido el rostro.
* Eliminar a los gatos virémicos persistentes de los criaderos, refugios o albergues. Efectuar la prueba de ELISA en los gatos recién llegados, antes de integrarlos en un grupo, haciendo las cuarentenas adecuadas.
* Vacunar a los gatos contra la leucemia felina. Cuando hay muchos gatos conviviendo se debería vacunar anualmente manteniendo la memoria del sistema inmunitario en todos los gatos, incluso los ejemplares adultos con inmunidad adquirida, mientras que si se trata de un solo gato doméstico que vive en un hogar y no se escapa al exterior, bastaría con la vacuna inicial. Si los gatos hogareños tienen acceso al exterior más allá de una parcela ajardinada y no se puede/quiere limitar su escapada, la vacuna anual debería ser obligatoria para la memoria inmunitaria y la esterilización debería evitar que los gatos tiendan a escaparse y estén expuestos al virus por encontrarse con otros gatos.

Conclusiones

El virus de la leucemia felina es un retrovirus con cuatro subtipos, los que predisponen a variadas enfermedades, debido a la inmunosupresión que provoca la leucemia en el gato enfermo, según cuál sea el predominante.
– La prevalencia, en epidemiología, proporción de individuos de un grupo que presentan una característica de una patología en un tiempo determinado, de leucemia felina es muy difícil de estimar, pues la prueba rápida de diagnóstico detecta solamente a los virémicos, detecta el antígeno viral p27.
– Esta enfermedad se transmite fácilmente por medio de la saliva y otras secreciones, cuando hay contacto directo, íntimo y prolongado. Esto hace que se la llame la enfermedad de los gatos amigos, considerando que se transmite durante los aseos mutuos, por fluidos y mucosas al darse lametones.
– Para confirmar que estamos en presencia de un gato virémico persistente se debería hacer la prueba de inmunofluorescencia o la PCR (reacción en cadena de la polimerasa).
– Existen dos formas clínicas de esta enfermedad (neoplásica y no-neoplásica) que pueden manifestarse individualmente o combinadas. La inmunosupresión es un hallazgo común lo cual puede llevar a confusión con la enfermedad producida por el Virus de la Inmunodeficiencia Felina (VIF). La inmunosupresión se produce en el caso de VIF provocando la depleción de las células especializadas denominadas linfocitos T-CD4+, en cambio ViLeF actúa sobre los linfocitos, monocitos, fagocitos y neutrófilos.
– La prueba rápida de diagnóstico debería hacerse en todos los gatos como medida preventiva y determinando conjuntamente VIF y ViLeF, es una rutina en clínicas veterinarias siempre que se logra sacar a un gato de las calles, antes de que sea acogido en un hogar donde convivirá con otros gatos.
– El tratamiento del ejemplar virémico persistente debe hacerse lo más precozmente posible para lograr mejorar la calidad de vida y las expectativas de longevidad del gato enfermo.

Fuentes

Artículo técnico muy completo y con bibliografía de estudios veterinarios sobre la leucemia felina en Veterinaria Argentina.

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