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Oposición a la desungulación en gatos en Estados Unidos

5 noviembre 20112.206 lecturasSin ronroneos
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En el artículo acerca de la desungulación en gatos hablamos sobre cómo pese a las prohibiciones establecidas por legislación y la propia conciencia de los veterinarios para no practicar la amputación de la última parte de las falanges del gato para retirar las garras, todavía en ciertos países se practica esta cirugía, como en Estados Unidos. Sin embargo, los movimientos de protección de animales domésticos difunden los peligros de la desungulación, por las consecuencias devastadoras que tiene en los gatos, quienes reciben amputaciones en sus dedos por la frivolidad y comodidad de los dueños que no buscan medidas de razón vital, sino meramente instrumental, para tener una buena convivencia en el hogar cuando el gato araña los muebles.

En algunos hogares persiste la fobia a que el niño pequeño sea lastimado por un gato, no sólo cuando hay un bebé en casa. Muchos padres deciden desungular para evitar que el gato pueda arañar al niño si éste incordia o es brusco al jugar con el felino doméstico. Esto es un absurdo como sobreproteger a un niño restringiendo todo tipo de actividades donde puedan lastimarse, con el añadido de causar daño a un animal por comodidad y miedo, en vez de enseñar y educar al menor. Además, si el niño no trata bien a los gatos, por desungular a la mascota familiar no quedará exento de recibir un arañazo fuera de casa. Sólo servirá para evitar accidentes domésticos, pero no educará al hijo.

Incluso en términos estrictamente económicos, el coste de colocar rascadores en casa y unas fundas de protección en las garras del gato es mucho más bajo que una intervención quirúrgica como la oniquectomía, por lo tanto, incluso en dueños sin conciencia moral o que desconozcan el daño que produce la desungulación en el gato y no estén debidamente informados, les compensaría comprar rascadores para su vivienda en vez de pagar una cirugía tan lesiva y onerosa.

Posiblemente la página más cañera en lengua inglesa en contra de la desungulación en gatos es Declaw Hall of Shame, el muro de la vergüenza donde exponen las clínicas veterinarias y los nombres de los profesionales sin escrúpulos que practican la oniquectomía en gatos. Con el lema de cabecera “Featuring the Declaw Pimp of the Month”, sus protestas se aproximan a scratches online, al señalar con sus publicaciones a quienes realizan la amputación de la última falange de los dedos del gato y eufemísticamente lo presentan como desungulación, para la comodidad de unos dueños desnaturalizados que no quieren que el gato pueda arañar algún mueble y para aumentar los ingresos del profesional veterinario que realiza la operación. Declaw Hall of Shame trata de concienciar a quienes tienen un gato como mascota, para informar del daño que pueden provocar en su animal doméstico y a la vez realizar un boicot a quienes se lucran con esta cirugía a sabiendas de sus consecuencias irreversibles en la movilidad del gato.

Declaw Hall of Shame

Además del listado de la verguenza con clínicas veterinarias que practican la oniquectomía tienen una sección donde aparecen cronológicamente los proyectos de ley y las propuestas de reforma para prohibir la desungulación en gatos, también una sección con artículos de la legislación de países que prohíben las intervenciones quirúrgicas para amputar partes del cuerpo de los animales domésticos por comodidad, cosmética o deseo de un rasgo, a saber: amputar la cola, las garras, cortar las orejas. Al menos doce naciones europeas tienen legislación que prohíbe expresamente las amputaciones en animales domésticos. Las amputaciones cosméticas o modificaciones corporales supuestamente estéticas para el gusto de algunos propietarios son tan horribles como las provocaciones aberrantes que hace la web bonsaikitten a la comodidad y la posesión que buscan algunas personas al tener un gato -miniatura- en casa.

El veterinario y prolífico escritor Michael W. Fox, publicó en febrero de 2006 un artículo en Journal of the American Veterinary Association, donde se denunciaba la extensión de la práctica de desungulación en gatos en los Estados Unidos, donde un cuarto de la población de gatos domésticos, aproximadamente 14 millones de gatos en hogares de los Estados Unidos, tiene las garras amputadas y donde muchas clínicas veterinarias dan un servicio por pack que incluye la oniquectomía felina junto a la esterilización:

“the ethics of performing declawing as a routine practice to the extent that almost a quarter of the cat population in the United States (14 million) is declawed… surely needs to be examined. This is especially pertinent considering the evidence of the painful nature of this procedure and associated postoperative complications of chronic pain, infection, and suffering. Surely the justifications for performing declawing trivialize concern for cats’ welfare and psychologic well-being. Part of being a cat is to have claws. Out of respect for the nature of cats and their basic behavioral requirements in the confined domestic environment, caring and responsible cat owners effectively train their cats to use scratch-posts, scratchboards, and carpeted “condos” rather than resort to routine declawing, which amounts to a mutilation for convenience. As a profession, are veterinarians not giving a mixed message to the public in advocating companion animal health and welfare on the one hand and not abandoning such practices that are considered unethical by veterinarians and their clients in many other countries?”

“la ética de realizar la desungulación como una práctica rutinaria al extremo que casi una cuarta parte de la población de gatos en Estados Unidos (14 millones) están desungulados… seguro necesita ser examinada. Resulta especialmente pertinente considerando la evidencia de la condición traumática y dolorosa de este procedimiento y las complicaciones postoperatorias asociadas: dolor crónico, infección y sufrimiento. Indudablemente, las justificaciones para realizar la desungulación trivializan las implicaciones para el bienestar de los gatos y su integridad física y psíquica. Ser un gato conlleva tener garras. Por respeto a la naturaleza de los gatos y sus necesidades etológicas básicas en el confinamiento del entorno doméstico, los propietarios responsables que se preocupan por sus gatos disponen medios efectivos para que los gatos estén acostumbrados a usar rascadores en postes, esterillas en sus enmoquetados apartamentos, en vez de recurrir a una desungulación rutinaria, que equivale a una mutilación por conveniencia y lamentable egoísmo. Como gremio profesional, ¿no están los veterinarios dando un mensaje de doble rasero a la gente, al abogar por la salud y bienestar de los animales de compañía cuando hablan de cara a la galería, mientras que no cesan tales prácticas como la desungulación que son consideradas contrarias a la ética animal y deontología veterinaria para sus clientes y en otros países del mundo?”

Todos los profesionales veterinarios conocen las evidencias que conlleva la desungulación en gatos: dolor crónico, infecciones, daño articular, pérdida de la postura natural en el desplazamiento del gato. Los dueños responsables que tienen gatos dentro de la vivienda utilizan rascadores en postes largos y favorecen que su gato pueda tener donde arañar, clavar las garras y cumplir las necesidades etológicas de todo felino. A más rascadores a distintas alturas, de buen tamaño y calidad, menos riesgo de mobiliario con desperfectos por arañazos verticales.

complicaciones cirugía desungulación

Complicaciones postoperatorias de una oniquectomía felina o desungulación mal realizada: necrosis en los dedos, desprendimiento de tejido blando al cortar el tendón de la parte distal de la falange del dedo, piel descamada alrededor de donde estaba la garra retráctil. Recrecimiento de la uña por inadecuada amputación de la tercera falange, la radiografía evidencia que la incisión no se hizo en los mismos puntos en cada dedo. Neuropraxia radial asociada a la oniquectomía, mano en posición deformada, se tuerce hacia el interior. Quien realiza tales prácticas lesivas agravándolas en una cirugía chapucera, engañando a la familia del gato a sabiendas del daño traumático que causará, merece la inhabilitación absoluta del colegio profesional de veterinarios de modo que no vuelva a ejercer en ninguna clínica ni hospital veterinario, además de la sanción por su responsabilidad penal.

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