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Gatos y serpientes en las civilizaciones antiguas de Oriente Medio (I)

26 Junio 2014139 vistasSin ronroneos

En el Antiguo Egipto, Ra era el símbolo de la luz solar, dador de vida, responsable del ciclo de la muerte y la resurrección, dios oficial de las dinastías faraónicas a partir de 2400 aC. Durante el periodo del Nuevo Reino, su culto se une en sincretismo al patrón de Tebas, convirtiéndose en Amón-Ra, tras la expulsión de los hicsos a manos de los príncipes tebanos que darían origen a la dinastía XVII, hacia 1580 aC. Cuenta la mitología egipcia que Ra creó todo lo existente cuando sólo existía en el mundo una amplia extensión de agua, Nun, poniendo nombre a todas las cosas. Cuando tomó forma humana reinó en los primeros milenios sobre los hombres, hasta que envejecido y senil, la vanidosa humanidad se burló de sus leyes. Ra envió entonces a Sekhmet, su hija, en la forma de una leona sanguinaria para dar escarmiento a los hombres. Una versión de la tradición oral egipcia nos dice que Ra se apiadó de los hombres endulzando con ámbar y miel a Sekhmet y convirtiéndola en Hathor, divinidad del amor y la fertilidad, mientras otra versión del mito nos habla de la transformación de la leona en una gata más dócil, Bastet.

Redimida la humanidad, el principal oponente de Ra era Apep (Apofis) una enorme serpiente acuática que por oposición representaba el caos y las tinieblas. Cada día, Apep trataba de sabotear el recorrido nocturno de la barca solar capitaneada por Ra y defendida por Seth, para evitar que consiguiera alcanzar el nuevo día llevando la luz sobre la oscuridad. La gran serpiente trataba de voltear la barca o culebreaba para provocar bancos de arena donde el navío encallara. Todo para romper la Maat, el orden cósmico, el ciclo interminable de amanecer y anochecer. Khepri por la mañana, Ra al mediodía, cuando el Sol está más elevado en el firmamento, y Atum al atardecer. Apofis representaba el mal, cuya existencia era necesaria en contraposición del bien, en una pugna que sostenía el devenir del mundo. Apep, que tiene precedente en el monstruo babilónico Tiamat en el poema cosmogónico acadio Enuma Elish, no podía ser aniquilada, sino dañada con puntas de lanza, cuchillos o sometida para contenerla. Los egipcios creían que, cuando el cielo se teñía de rojo en la salida/puesta del Sol, era a causa de las heridas provocadas a Apofis. También interpretaron que los eclipses eran obra suya, en la lucha en la Duat, el inframundo.

La serpiente en Egipto tuvo una simbología tan rica como ambivalente, pudiendo resultar protectora y benéfica en algunos contextos por la muda de su piel, pero temible y peligrosa en muchos otros, notablemente por su mordedura venenosa. Todas las serpientes y culebras acuáticas eran sagradas en tanto que reencarnación de Apofis, excepto la cobra, que representaba al Sol. En Egipto la cobra (Naja haje) era un símbolo de resurrección, emblema protector (uraeus) en la parte frontal de la corona de los faraones; en la ciudad de Buto eran veneradas por su carácter benéfico, consagrado en la deidad Ouadjet. El reinado de la forma humana de Ra terminó cuando, anciano y decrépito, fue mordido por una serpiente venenosa generada por Isis a partir de la baba senil del padre del panteón egipcio. Isis chantajeó al patriarca para que sus sucesores ocuparan su lugar, de modo que el panteón originario de fuerzas naturales Shu, Tefnut, Geb, Nut y Nun pasó a las deidades humanoides Isis, Osiris, Neftis y Seth. Isis ofreció un antídoto al veneno de la serpiente para descubrir la identidad oculta de Ra, transmitiendo el misterio al guardián Horus. Ra pudo retirarse en su extrema vejez al astro solar y dejar el testigo a su forma felina para controlar las potencias malignas.

Bastet combate contra la serpiente Apep

«Yo soy el Gran Gato que inauguró el árbol Ished en Heliópolis, en aquella noche en que fueron anonadados los enemigos del Dueño del universo…» El árbol Ished es una variedad del género persea, similar al Balanites aegyptiaca, datilero del desierto, que produce frutos dulces. Se plantaban ornamentalmente cerca de determinados templos proporcionándoles sombra y protección simbólica. «Este gato es el niño Ra en persona; se le llamó gato cuando Sia dijo a propósito de él: ¿Hay alguien parecido a él en lo que ha hecho?»

Ra bajo la forma del gran gato sacro (Bastet, Mafdet, Mihos) combate contra la serpiente Apep (Apofis) y logra herirla. Tumba de Inerkhau, capataz de Deir el-Medina, Luxor, Egipto, datada en el periodo de la dinastía XX (1190 – 1070 aC). La misma representación en pinturas murales se encuentra en la tumba de los faraones Ramses IV (1164 – 1157 aC) y en la tumba de Ramsés VI (1143 – 1136 aC), en el Valle de los Reyes, Luxor. Otras representaciones del enfrentamiento entre el Gran Gato de Heliópolis y la serpiente Apep se encuentran ilustradas en papiros datados entre 1300 hacia 1250 aC. Las representaciones del venerado felino de Heliópolis (ciudad del Sol) nos recuerdan a un híbrido entre un lince de orejas largas, un gato semisalvaje de Oriente Medio con pelaje moteado y las razas de gato doméstico como Mau egipcio o Abisinio.

Bastet combate contra la serpiente Apep

«La deidad gato más famosa era Bastet, pero también otros dioses antiguos egipcios fueron asociados con gatos. Neith de vez en cuando tomaba la forma de un gato, y el gato era uno de los símbolos sagrados de Mut. Tanto el Libro de Puertas como el Libro de Cavernas se refiere a un dios de gato llamó Miuty (también transliterado como Mati o Meeyuty). Este dios protege la Undécima División del Duat en el Libro de Puertas (la división justo antes del alba), y custodia a los enemigos de Ra en el Libro de Cavernas. Es también posible que esta deidad sea la misma que “Mauti”, quien está representado en la tumba de Seti II (1200 – 1194 aC), y también puede referirse a Mau (el Gran Gato) como una forma de Ra. Gato se transcribe de forma simplificada como la onomatopeya infantil de un maullido: miu, mut, mau. Las transliteraciones son propias del periodo más tardío con la helenización de Egipto, la dinastía de los Ptolomeos (323 – 30 aC), anterior a la expansión del cristianismo (siglo IV dC) y el islam (siglo VII dC). Todavía en el periodo del Nuevo Reino, a partir del año 1650 aC, se mantenían los jeroglíficos, la escritura cuneiforme en el arte hierático e inscripciones de pinturas murales, los ideogramas y silabarios de consonantes como el Lineal A chipriota y Lineal B cretense, grabados en tablas de arcilla, mientras que las vocales son posteriores al primer alfabeto de los fenicios transmitido a los griegos en el siglo VIII aC que lo adaptan como primera lengua indoeuropea con vocales, con un proceso de alfabetización de los aristócratas que se desarrolla en el Ática en el siglo IV aC, haciendo que la filosofía griega de tradición oral pase a ser escrita y leída, tal como explica Eric A. Havelock en Prefacio a Platón, del año 1963, y La Musa aprende a escribir, del año 1986.

Ra, elevado al astro Sol en su retiro espiritual para dejar paso a los dioses sucesores del panteón egipcio, porta la luz en la forma felina de Bastet, manteniendo la pugna diaria contra Apep, la serpiente del mal que se arrastra en la oscuridad de las aguas y lleva las tinieblas al atardecer. La fuerza del pequeño felino llegó a considerarse tan intensa que uno de los más eficaces defensores del Sol, que le ayuda como la luz del faro de Alejandría a abrirse paso entre los horrores de la noche, era precisamente un gato. El Gran Gato de Heliópolis, consagrado al astro solar, cuya vinculación al dios Ra se evidencia en el Libro Egipcio de los Muertos, nombre moderno de un texto funerario del Antiguo Egipto que se utilizó desde 1550 aC hasta el año 50 aC. El nombre egipcio original para el texto, transliterado rw nw prt m hrw, es convencionalmente traducido por los egiptólogos como Libro de la emergencia a la luz. El texto consistía en una serie de sortilegios mágicos destinados a ayudar a los difuntos a superar el juicio de Osiris, asistirlos en su viaje a través de la Duat, el inframundo, y viajar al Aaru, hacia la vida en el más allá, según la escatología del antiguo Egipto.

El Libro de los muertos egipcio era parte de una tradición de textos funerarios iniciada por los más antiguos Textos de las Pirámides y Textos de los sarcófagos, que se inscribían sobre muros de tumbas o en los ataúdes, inicialmente como pintura mural en las tumbas de faraones y consortes, y no sobre rollos papiro. Algunos de los sortilegios del Libro de los muertos fueron extraídos de estos textos antiguos y datan del tercer milenio antes de nuestra era, mientras que otras fórmulas mágicas fueron compuestas mucho más tarde en la historia egipcia y datan de los siglos XII-VII aC. Los rollos de papiro con los sortilegios más determinantes para el pasaje exitoso del difunto al más allá se introducían en el sarcófago o en la cámara sepulcral del fallecido. Los papiros que se conservan como el Papiro de Hunefer datado en el año 1275 aC, o el Papiro de Ani datado en el año 1300 aC, contienen una variada selección de textos mistéricos y difieren notablemente en sus ilustraciones.

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