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La leyenda de la letra M en la frente de los gatos atigrados

25 Diciembre 2014553 vistasSin ronroneos

A fuerza de ser encantado por su agraciado pelaje, todo ser humano que vive con un gato atigrado más pronto o más tarde se dará cuenta de un extraño patrón del pelaje del gato: una zona más oscura en la frente, similar a la grafía de la letra mayúscula “M”, justo por encima de los ojos. No es un rasgo físico presente en todos los gatos, ya que depende del color del pelaje y nunca se verá en un gato de un solo color, o que tenga la frente blanca o de un tono uniforme. Es en el gato de pelaje atigrado, barcino, romano o tabby en su denominación inglesa, donde se observa la peculiar letra “M” en la frente.

leyenda gato atigrado

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Lo que tal vez no sepan los orgullosos dueños de un gato atigrado, es que persisten leyendas con connotaciones religiosas que explicarían por qué tantos gatos atigrados presentan este singular trazo en su pelaje. Se trata más bien de un aition, un mito o narración en el imaginario colectivo de sociedades tradicionales que sirve como explicación precientífica de tal fenómeno físico, en este caso la causa de que los gatos atigrados tengan una “M” dibujada en su frente. Religiones monoteístas como el cristianismo y el islam ofrecen un relato distinto sobre el origen de la letra “M” en la cabeza de los gatos de pelaje atigrado, pero ambas coinciden en la bondad del gato como compañero de itinerario y protección para los humanos.

leyenda gato atigrado

Belén (en hebreo Bethlehem, que significa “Casa de pan”) es una ciudad palestina en la región de Cisjordania, situada a unos 9 km al sur de Jerusalén y enclavada en los montes de Judea. De acuerdo con la Biblia, fue el lugar de nacimiento de Jesús de Nazaret según los evangelios de Lucas y Mateo. Naturales de Nazaret, José y la virgen María no encontraron alojamiento en la posada, por lo que ella dio a luz al bebé en un pesebre.

Lucas 2:1-4

en aquellos días salió un decreto de César Augusto de que se inscribiera toda la tierra habitada; y todos se pusieron a viajar para inscribirse, cada uno a su propia ciudad. José también subió desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, la ciudad de David, que se llama Belén

Lucas 2:7

Y dio a luz a su hijo, el primogénito, y lo envolvió con bandas de tela y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en el lugar de alojamiento.

En el portal, además de los animales del relato bíblico, el asno y el buey, también había una gata gris atigrada. También encinta, la gata doméstica alumbraría a sus cachorros en la noche de Navidad. Después de cobijar a su camada de gatitos en un lugar seguro donde sobrevivieran al frío, buscó calor entre el forraje del pesebre, y se metió en la improvisada cuna de Jesús, acurrucándose a los pies del recién nacido y ronroneando en son de paz.

Gata en el portal de Belén

Enternecida por el gesto de la gata, la virgen María acarició a la gata madre pasando su mano por la cabeza del felino, con la impresión física o acheiropoieta de la letra “M” de “María” en la frente de la gata atigrada. Desde entonces el fenotipo de los gatos atigrados incluye ese fenómeno macroscópico fijado simbólicamente en su pelaje. Han transcurrido más de 2000 años, pero no todas las madres confían en las buenas intenciones de los gatos domésticos al acercarse a la cuna de su bebé, ni en la pacífica convivencia entre bebés y gatos.

Gatos en el Islam

Los musulmanes son en general muy respetuosos con los gatos, pues Mahoma fue un escrupuloso y ferviente gatófilo. Existen muchas leyendas en torno a la relación del profeta del Islam con los gatos, una de las más bellas narra su relación con Muezza, una gata blanca con heterocromía. Otra leyenda asegura que Mahoma es el responsable de la letra “M” escrita en mayúscula, como el nombre del profeta del Islam, en la frente de los gatos atigrados. Cuenta una antigua historia que un gato salvó a Mahoma de la mordedura de una serpiente venenosa, concretamente una víbora cornuda de arena, muy presente en Arabia. El profeta estaba ocupado orando, tan absorto en la contemplación que no se percató de la proximidad de una serpiente, que esperaba sigilosa metida en un hueco, dispuesta para morder. Un gato apareció rondando y pese al temor que la mayoría de los animales tienen hacia las víboras, logró ahuyentarla. Mahoma acarició al gato en la frente, dibujando en su cabeza el patrón en forma de “M” con cinco trazos, que desde entonces portan en la frente todos los gatos atigrados.

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