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¿Por qué maúllan los gatos?

1 Octubre 2016700 vistasSin ronroneos

Los gatos emiten una variedad de sonidos que podrían clasificarse, grosso modo, en tres categorías: maullidos, ronroneos, bufidos/gruñidos. Los estudios de etología (conducta animal) relacionados con los gatos muestran que para comunicarse con sus congéneres, los felinos domésticos (Felis silvestris catus) vocalizan realmente muy poco, de modo infrecuente y más relacionado con ciclos biológicos instintivos. La mayor parte de su comunicación se basa en un lenguaje no verbal, pues los gatos establecen avisos territoriales en base al marcaje (orina, feromonas liberadas al frotarse lateralmente y arañar objetos visibles en el entorno), utilizan indicaciones corporales en los encuentros con otros gatos por la posición y movimiento del cuerpo, la cola, las orejas, el pelaje erizado, las posiciones características del cortejo -durante el cual sí hay maullidos desgarradores tanto de machos como de las hembras en celo para ser identificadas- o por hostilidad, junto con bufidos o gruñidos en sus enfrentamientos.

En los perros el ladrido es un comportamiento seleccionado por el hombre -pues los lobos aúllan pero no ladran- durante un proceso de domesticación -simbiosis artificial- mucho más antiguo cronológicamente que la domesticación de los gatos, como una forma de alertar y hacer guardia en los campamentos, además de comunicarse o enfrentarse entre ellos. Hay que recordar que la domesticación de los perros se hizo gradualmente en la última etapa del Paleolítico y el periodo de transición denominado Mesolítico (entre 35 000 – 12 000 años antes de nuestra Era), con los últimos grupos humanos que fueron nómadas cazadores. La domesticación del gato es en cambio más reciente, dentro del Neolítico (10 000 años antes de nuestra Era hasta la actualidad en el siglo XXI), en sociedades sedentarias cuando ya se desarrollaron técnicas de cultivo y agricultura, donde los gatos eran útiles cazando roedores que acechaban los graneros y almacenes de cosechas. El maullido de los gatos domésticos tiene una aparición mucho más espontánea y no seleccionada por el hombre, sino desarrollada por los propios gatos para aumentar sus expectativas de supervivencia gracias a los recursos compartidos por los humanos.

Sin embargo, respecto a la comunicación con los humanos, los gatos sí realizan toda una gama de vocalizaciones que denominamos maullidos, además del vibrante ronroneo, principalmente por confianza, satisfacción o seguridad, pero también al necesitar atención urgente por salud. Pero para satisfacer sus necesidades o demandar atenciones a la familia bípeda, los gatos maúllan como una forma de llamar la atención de los humanos. Hace tiempo que se han publicado estudios como Classification of domestic cat (Felis catus) vocalizations by naive and experienced human listeners del departamento de Psicología de Cornell University, Ithaca, Nueva York, donde se comprueba que las personas interpretan mejor los maullidos cotidianos de los gatos con los que viven que aquellas vocalizaciones realizadas por gatos que no conocen ni han tenido nunca convivencia, y se debe a que los gatos saben cómo expresarse para lograr lo que quieren de los humanos de la casa. Aparentemente los gatos van practicando con sus maullidos con un ensayo/error según si los humanos reaccionan positivamente y les entregan lo que necesitan, repitiendo deliberadamente la tonalidad de las vocalizaciones si hay éxito. Las tonalidades de los maullidos pueden alcanzar casi un centenar de variantes, aunque los propósitos de los gatos no son tan amplios, pero sí la expresividad individual de un gato doméstico frente a otros.

¿Por qué maúllan los gatos?

En general, los gatos domésticos maúllan o vocalizan de forma deliberada y repetitiva para comunicarse con humanos de la familia por los siguientes motivos o propósitos: – “Tengo hambre y no queda comida en el recipiente”, – “Necesito beber agua”, – “El arenero está sucio y lleno de excrementos, si no limpias la bandeja de arena que me sirve de letrina buscaré otro lugar de la casa para hacer las deposiciones”, – Hay un obstáculo que me impide llegar hasta mi zona de descanso, arenero o comederos, “abre para mí esa puerta que está cerrada”, – Prefiero beber agua del grifo pero no consigo accionarlo con la patita, “abre tú el grifo por mí”, – “Hola, noté que regresabas y me apetece saludarte efusivamente”, -“Déjame en el suelo, suéltame ya”, “¡Sácame de aquí!” cuando un gato está encerrado en un transportín o jaula y siente angustia, – “Me siento mal, estoy enfermo y me duele mucho, ayúdame”. Sin duda este último maullido suele ser suplicante y nunca debemos dejar pasar el tiempo o ignorar a nuestro gato en una situación así, pues el gato, como cualquier animal domesticado, es dependiente de nosotros y seremos siempre responsables de cualquier animal domesticado que un día llevamos a nuestro hogar.

Los escasos maullidos que los gatos realizan sin tener el propósito de comunicarse con humanos, sino que van dirigidos a sus congéneres felinos tienen contextos muy específicos por ciclos biológicos o etapas de vida, a saber: 1) la crianza o dependencia infantil del cachorro, el periodo durante el cual el gatito depende de la madre gata -o si es huérfano o abandonado pero excepcionalmente ha sido adoptado por un humano- y maúlla para recibir alimento, porque necesita orinar/defecar, o necesita ser limpiado y en sus primeros meses de vida depende de su madre para sobrevivir. 2) el celo, cuando se dan episodios durante los cuales las hembras son perseguidas por los machos y ellas maúllan de forma muy fuerte, identificando que están en su ciclo y aceptarán aparearse, además de aspectos de lenguaje corporal en el cortejo de los gatos. Estas vocalizaciones las comparten naturalmente con sus antepasados salvajes y con los gatos silvestres o monteses, que no están tan lejos ni en tamaño ni en conducta como los grandes felinos.

Para comprobar si las vocalizaciones de los gatos poseían una función referencial, es decir, que los gatos maúllan para referirse a objetos del entorno y que los humanos hagan alguna acción, los autores del estudio dirigieron dos tipos de experimentos, para examinar si los participantes humanes podían clasificar los sonidos de los maullidos grabados a partir de una muestra de 12 gatos diferentes en 5 contextos conductuales distintos. En el Experimento 1, los participantes humanos escucharon grabaciones de maullidos individuales, mientras que en el Experimento 2, se presentaron grabaciones de episodios de maullidos. La precisión o el acierto que tuvieron los participantes al clasificar los maullidos fue mayor en las grabaciones de maullidos repetidos en periodos de tiempo o episodios conductuales que los maullidos individuales.

¿Por qué maúllan los gatos?

Pero sobre todo, los participantes que acertaron al identificar la función que tenían los maullidos individuales de los gatos, fueron personas que habían vivido e interactuado con ellos, además de sentir una afinidad por los gatos. Los maullidos constituyen sonidos cuyo tono específico atrae la atención de los humanos, pero sobre todo aquellos que conviven con el gato que intentan solicitar algo. Con experiencia al convivir, los humanos van comprendiendo mejor qué les intenta decir su gato, qué atenciones pide y qué estado emocional puede tener. Los humanos acaban comprendiendo lo que pide su gato, pero no siempre interpretan bien los maullidos de gatos desconocidos, la convivencia duradera en el hogar es determinante o cómo dice el dicho popular: el roce hace el cariño. Algunos gatos modulan una tonalidad similar a la de un bebé o una cría que llora, porque el llanto hace que los humanos sean más receptivos a darle lo que necesita y sentirse culpables o tener remordimientos si no atienden a su gato.

“Cualquier dueño de un gato puede asegurar que su mascota llega a ser bastante habladora o parlanchina cuando quiere conseguir algo. En mi experiencia estudiando a los felinos, he llegado a la conclusión de que son ellos los que tienen bien entrenados a sus humanos”, declaró Adi Hovav, etólogo especialista en conducta felina en el Centro de Adopción de la protectora ASPCA.

Durante sus jornadas de estudio, Hovav se percató de que los gatos no se maullaban los unos a los otros, lo que además aporta una interesante conclusión sobre su evolución como especie: “El maullido es algo que los felinos domésticos han aprendido a usar mediante entrenamiento, sometiendo su utilidad a pruebas, es decir, interactuando con los humanos para llamar su atención”.

En abril del año 2015 se celebró un ciclo de conferencias sobre conducta felina por parte de IAABC, International Association of Animal Behaviour Consultants, en Atlanta, Georgia, Estados Unidos, destacando que los gatos son las mascotas más populares en los hogares estadounidenses pero también los más incomprendidos o sujetos a prejuicios y estereotipos, por lo cual visitan mucho menos las clínicas veterinarias y son abandonados con más frecuencia que los perros, siendo adoptados en menor número desde los centros de recogida de animales. Según Sharon Crowell-Davis, profesora de veterinaria de la Universidad de Georgia, los gatos domésticos pueden ser tan expresivos como los perros, siempre que estén bien socializados y acostumbrados a los humanos, son animales gregarios incluso en estado silvestre pero domesticados se alegran del regreso a casa de la familia humana frotándose lateralmente desde la mejilla hasta la cola entre las piernas humanas y vocalizando/ronroneando, un poco como la manada cuando regresa de cazar a la guarida. El ronroneo sin embargo no significa siempre “estoy feliz”, “qué satisfacción/comodidad”, “qué bien me siento”, pues se han encontrado casos de gatos que ronronean estando malheridos o moribundos, en estados críticos de salud, por lo que una traducción precisa a los contextos donde los gatos ronronean sería más bien “no te marches, no me dejes por favor, no me abandones justo ahora”.

Gary Weitzman, veterinario autor del libro How to Speak Cat: A Guide to Decoding Cat Language, considera que los gatos “guiñan” los ojos y se voltean en una superficie de descanso mostrando el vientre como máxima expresión de confianza en un humano. Incluso tienen expresiones faciales, relajando los músculos del hocico cuando están tranquilos, pestañeando brevemente antes de cerrar los ojos cuando están cómodos descansando en su zona y junto a su persona de confianza, constatando a nivel bioquímico que la hormona cortisol relacionada con el stress está en niveles muy bajos. Según John Bradshaw, zoólogo de la Universidad de Bristol y autor del libro Cat Sense: How the New Feline Science Can Make You a Better Friend to Your Pet, los gatos maullarían una vez cada cientos de horas si fuese por su comunicación entre congéneres, pero maúllan frecuentemente, casi a diario, con los humanos de quienes se sienten dependientes en el hogar, desarrollando un código secreto de maullidos que sólo los dueños entienden a la perfección.

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