¿Por qué se les llama gatos a los madrileños? | Parte I

Madrid es la capital de España, la ciudad más grande y poblada del país, alcanza oficialmente más de tres millones de habitantes dentro de su villa y más de seis millones de habitantes entre el área metropolitana y los municipios de la periferia en la provincia de Madrid, siendo por ello la tercera área urbana más poblada de la Unión Europea. Madrid es una ciudad cosmopolita, multicultural, sede de eventos artísticos internacionales, con gran actividad financiera de multinacionales en parques empresariales, museos de referencia en el Paseo del Prado, el amplio bulevar desde la Plaza de Colón al Paseo de la Castellana hasta los rascacielos en Chamartín.

Muralla árabe parque Emir Mohamed I, catedral de la Almudena en Madrid

Fotografía de la muralla árabe de Madrid, tomada por Richard Mortel.

El verdadero motivo se encuentra en las murallas árabes del parque Emir Mohamed I construidas en el siglo IX, conservadas en las inmediaciones de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena. El Parque de Mohamed I es un recinto monumental de Madrid, urbanizado como espacio público con un sobrio ajardinado de estilo andalusí.​ Crecen frondosas especies arbóreas, entre ellas destacan un almez y una higuera, que son los árboles más antiguos del parque Emir Mohamed I. Los jardines circundan la muralla islámica y los cipreses de los parterres continúan el diseño de la fuente con forma de estrella de seis puntas que preside el parque en la fachada posterior de la catedral de la Almudena, en la dirección cuesta de Ramón 1, distrito palacio, Madrid.

Muralla árabe parque Emir Mohamed I, catedral de la Almudena en Madrid

Fotografía de la muralla árabe de Madrid, tomada por Richard Mortel.

Entre los años 860 y 880 el emir Mühammad I fundó la ciudad de Mayrit como enclave militar, a modo de rábida con torres vigía. Los restos de la muralla islámica que pueden verse en este parque pertenecen al primer recinto amurallado de Madrid, construido en el siglo IX durante el dominio andalusí de la meseta central. Se conserva un tramo de la muralla de más de 120 metros de longitud, con una altura máxima de 11,50 metros y un espesor de 2,60 metros en el que destacan varios torreones de planta cuadrangular.

Escudo de Madrid

En las zonas más castizas, ya pocos se acuerdan, salvo en fechas puntuales, de las tradiciones madrileñas y la gastronomía como el cocido madrileño, los callos a la madrileña, la sopa de ajo, los churros, la tortilla de patatas, los bocadillos de calamares servidos en los bares de la Plaza Mayor, las patatas bravas, los chopitos o las gallinejas van camino de perderse entre tanto establecimiento de comida procesada, hamburguesas, pizzas y kebabs, aunque afortunadamente la gastronomía local se mantiene junto con restaurantes creativos de gastronomía de otras nacionalidades donde la diversidad cultural aporta un sabor más sazonado.

Significado del escudo de Madrid: El escudo lleva una corona mural y se divide en dos cuarteles en la parte superior y uno en la inferior. El cuartel superior derecho va rodeado de una orla azul con fruto rojo y sobre fondo de plata. Las milicias de Madrid llevaron a la batalla de las Navas de Tolosa en 1212 con Alfonso VIII un emblema donde figuraba una osa en forma pasante con siete estrellas en su lomo, en referencia a la constelación de la Osa Mayor y las siete estrellas que simbolizan las Escuelas de Astronomía de la época de ocupación de los árabes. La osa figura como matriarca de los muchos úrsidos que hubo en tiempos lejanos cuando en España había bosques muy poblados dentro de una gran extensión de territorio y el madroño con sus frutos rojizos de propiedades alucinógenas por los delirantes pleitos entre el Cabildo y el Ayuntamiento de Madrid, llegando al acuerdo de que los pastos serían propiedad del Cabildo y los árboles serían cuidados por el Consistorio.

¿Qué similitudes tiene la idiosincrasia de los madrileños con la etología de los gatos?

Quizá que la gente de Madrid en las generaciones anteriores no ha nacido en Madrid, sino que se trasladaron a vivir en la capital tras el éxodo rural. Tal vez la denominada “chulería madrileña” de los castizos chulapos o el temperamento arisco de algunas gatas madrileñas. Los baños de Sol en las terrazas donde tomar un piscolabis con un refrigerio, quizá unas tapas de atún antes de engalanarse, pues los gatos también gozan largas siestas para dormir durante las horas de luz solar antes de sus escapadas nocturnas.

El gentilicio de los habitantes de Madrid es madrileño o matritense. No obstante, históricamente, a los habitantes de Madrid se les ha apodado también gatos debido a que, según la leyenda, la conquista de la ciudadela musulmana que servía de rábida durante los reinos de taifas, por las tropas de Alfonso VI a finales del siglo XI, se realizó mediante el asalto de la muralla árabe por la que treparon las tropas castellanas en el asedio de Magerit del año 1085. Otras leyendas similares señalan en cambio que este apelativo de gatos les fue otorgado a los ciudadanos de Madrid en la Edad Media por su gran habilidad a la hora de trepar por murallas y acantilados fortificados con las manos desnudas y el apoyo de un puñal o daga clavada en las endiduras de los muros de piedra. Muchos madrileños conocen bien su mote y cuando se presentan ante otros provincianos se hacen llamar gatos. Este mote es muy antiguo y salvo para personas interesadas en estudiar la historia de Madrid, es complicado determinar su origen.

¿Cuándo recibieron los madrileños el apelativo de “gatos”?

La primera constancia histórica de la existencia de un asentamiento estable en la ciudad que hoy conocemos como Madrid data de la época musulmana. En la segunda mitad del siglo IX, el emir de Córdoba, Muhammad I (852-886) construye una fortaleza en un promontorio junto al río, en el lugar que hoy ocupa el Palacio Real, con el propósito de vigilar los pasos de la sierra de Guadarrama y ser punto de partida de razzias contra los reinos cristianos del norte. Junto a la fortaleza se desarrolla, hacia el sur, la población de la ciudadela musulmana. Esta población recibe el nombre de Mayrīt, Magerit en su forma castellanizada, cuyo significado no está claro, pero que parece ser el híbrido de dos topónimos muy parecidos: uno europeo mozárabe, matrice, con el significado de fuente, y otro árabe, majrà, que significa cauce o lecho de un río. Ambos aluden a la abundancia de arroyos y aguas subterráneas del terreno en el emplazamiento de Mayrït.

Muralla árabe en el parque Emir Mohamed I, catedral de la Almudena en Madrid

Fotografía de la muralla árabe de Madrid, tomada por Vamsi Krishna.

Los madrileños no tomamos conciencia histórica hasta los diversos trabajos arqueológicos desarrollados en la ciudad a partir de 1975, todavía se conservan fortificaciones de origen musulmán: la muralla árabe de la Cuesta de la Vega, la atalaya de la Plaza de Oriente y los vestigios de un viaje de agua de la Plaza de los Carros. Esta zona geográfica era muy importante para poder controlar el territorio desde el cual acceder tanto a los reinos castellanos del norte como a los reinos musulmanes del sur. En las regiones fronterizas se establecieron centros culturales para traducir obras árabes al latín como la Escuela de Traductores de Toledo.

Estatua de Alfonso VI en los Jardines de Sabatini de Madrid, obra del escultor Felipe del Corral, año 1753La estatua de Alfonso VI en la plaza de Oriente de Madrid, junto al Palacio Real y los jardines de Sabatini, fue esculpida por el artista ilustrado Felipe del Corral entre el 1 de enero de 1750 y el 31 de diciembre de 1750. Figura regia y pétrea de caliza y granito con una altura de 2,89 metros por 1,33 metros de anchura y 0,97 metro de fondo.

Figura colosal del rey Alfonso VI (1043 – 1109) representado en pie, vestido con traje que realmente no se corresponde con su época histórica, esto es la plena Edad Media en el siglo XI, con manto y capa de armiño, a sus pies aparece un yelmo. El monarca español lleva el cetro en la mano izquierda y en la derecha sujeta su espada. Descansa sobre un pedestal con inscripción incisa y pintada en la base: “ALONSO 6º / REI DE CASTILLA Y LEON / Mº Aº DE 1109”.

El Califato Omeya de Córdoba proclamado por Abderramán III en 929 había sido disuelto ya en el año 1031, tras un siglo de esplendor, se fragmentó en los reinos de taifas de musulmanes andalusíes. Con la caída del reino taifa de Toledo en manos de Alfonso VI de León y Castilla, la ciudad fue tomada por las fuerzas cristianas en 1085 sin resistencia, probablemente mediante capitulación. La ciudad y su alfoz quedaron integrados en el reino de Castilla como territorios de realengo. Los cristianos sustituyen en esa época a los musulmanes en la ocupación de la parte central de la ciudad, quedando los barrios periféricos o arrabales, que en el periodo anterior eran habitados por una comunidad mozárabe, como morería. También existió una judería en el margen del Barrio de las Letras del que sería más tarde el barrio de Lavapiés.

Se encuentran dos culturas distintas: la cristiana feudal y la islámica. No se habla de migraciones ni éxodo sino de un documento real que decreta la distribución de la población: los judíos y moriscos se agrupan en las Vistillas donde antes estaban los cristianos, pero sigue la convivencia pacífica de las tres culturas, la administración de la medina y de cada barrio, sus zocos y baños. La estructura social se establece por profesiones, oficios y clases.

Durante el siguiente siglo, Madrid sigue recibiendo embates de los nuevos poderes musulmanes de la península, los almorávides, que incendian la ciudad en el año 1109 y los almohades, que someten Magerit a sitio en 1197. La victoria cristiana de Las Navas de Tolosa en el año 1212, batalla de Al-Uqab ‘la cuesta’ معركة العقاب que enfrentó a las tropas castellanas de Alfonso VIII de Castilla, soldados aragoneses de Pedro II de Aragón, el ejército de Sancho VII de Navarra y por voluntarios del reino de León y del reino de Portugal junto con la ayuda extranjera de los caballeros cruzados enviados por el pontífice Inocencio III contra el ejército del califa almohade Muhammad an-Nasir en las inmediaciones de la localidad jienense de Santa Elena, aleja definitivamente la influencia musulmana del centro de la península.

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