La leyenda de la letra M en la frente de los gatos atigrados

A fuerza de ser encantado por su agraciado pelaje, todo ser humano que vive con un gato atigrado más pronto o más tarde se dará cuenta de un extraño patrón del pelaje del gato: una zona más oscura en la frente, similar a la grafía de la letra mayúscula “M”, justo por encima de los ojos. No es un rasgo físico presente en todos los gatos, ya que depende del color del pelaje y nunca se verá en un gato de un solo color, o que tenga la frente blanca o de un tono uniforme. Es en el gato de pelaje atigrado, barcino, romano o tabby en su denominación inglesa, donde se observa la peculiar letra “M” en la frente del felino doméstico.

leyenda gato atigrado

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Lo que tal vez no sepan los orgullosos dueños de un gato atigrado, es que persisten leyendas con connotaciones religiosas que explicarían por qué tantos gatos atigrados presentan este singular trazo en su pelaje. La mitología se encuentra desde la antigüedad previa a la escritura en nuestra capacidad de fabular para explicar la realidad desde el relato, para contarnos cómo somos y entender el mundo, una estrategia de donación de sentido a la tragedia que es vivir.

El relato de la letra M en la frente de los gatos barcinos se trata más bien de un aition, un mito o narración sagrada, Hieroi Logoi, que sirve como explicación causal precientífica de tal fenómeno físico, en este caso la causa de que los gatos atigrados tengan una “M” dibujada en su frente, rasgo natural de su pelaje. Narraciones ramificadas por su transmisión generacional desde los antepasados en el imaginario colectivo de sociedades antiguas, de tradición oral, memoria colectiva ágrafa, mnemosyne, previa al tránsito hacia la mnemotejne, la memoria de archivo con textos canónicos conservados por escrito.

Narración sacra posterior al paganismo grecolatino, religiones monoteístas como el cristianismo y el islam ofrecen un relato distinto sobre el origen de la letra “M” en la cabeza de los gatos de pelaje atigrado, pero ambas coinciden en la bondad del gato como compañero de itinerario y protección para los humanos.

leyenda gato atigrado

Belén (en hebreo Bethlehem, que significa “Casa de pan”) es una ciudad palestina en la región de Cisjordania, situada a unos 9 km al sur de Jerusalén y enclavada en los montes de Judea. De acuerdo con la Biblia, fue el lugar de nacimiento de Jesús de Nazaret según los evangelios de Lucas y Mateo. Naturales de Nazaret, el maestro carpintero José y la joven virgen María no encontraron alojamiento en la posada, por lo que ella dio a luz al bebé en un pesebre.

Lucas 2:1-4

en aquellos días salió un decreto de César Augusto de que se inscribiera toda la tierra habitada; y todos se pusieron a viajar para inscribirse, cada uno a su propia ciudad. José también subió desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, la ciudad de David, que se llama Belén.

Lucas 2:7

Y dio a luz a su hijo, el primogénito, y lo envolvió con bandas de tela y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en el lugar de alojamiento.

Una gata romana acurrucada en el pesebre donde nació Jesús en Belén

En el portal, además de los animales del relato bíblico, el asno y el buey, también había una gata gris atigrada. También encinta, la gata doméstica alumbraría a sus cachorros en la noche de Navidad tras dos meses de gestación. Después de cobijar a su camada de gatitos en un lugar seguro donde sobrevivieran al frío, buscó calor entre el forraje del pesebre, y se metió en la improvisada cuna de Jesús, acurrucándose a los pies del recién nacido y ronroneando en son de paz.

Gata en el portal de Belén

Enternecida por el gesto de la gata, la virgen María acarició a la gata madre pasando su mano por la cabeza del felino, con la impresión física o acheiropoieta de la letra “M” de “María” en la frente de la gata atigrada. El nombre propio femenino de origen hebreo (מִרְיָם, Miryam) equivale a María, atestiguado en el libro bíblico del Éxodo con su forma original Mír-yam de donde deriva por ejemplo la forma aramea Maryam; de la cual provienen las formas griega, latina y árabe.

Desde entonces el fenotipo de los gatos atigrados incluye ese fenómeno macroscópico fijado simbólicamente en su pelaje. Han transcurrido más de 2000 años, pero no todas las madres confían en las buenas intenciones de los gatos domésticos al acercarse a la cuna de su bebé, ni en la pacífica convivencia entre bebés y gatos.

Etimología de religión en latín

La etimología de religión aparece correctamente expuesta por primera vez en la tradición escrita en la obra de Marco Tulio Cicerón, De natura deorum, Acerca de la naturaleza de los dioses, diálogo teológico del año 45 a.C. sobre las creencias filosóficas y religiosas de los griegos y romanos a fines del periodo helenístico, en la doble vertiente de religio: relegere / religare, esto es, releer y religar.

Releer los textos antiguos para reproducir la liturgia en el orden símbolo, mito y rito. Religar bajo la antigua y nueva alianza, el pacto social de los patriarcas con Dios nuestro Señor, en el Antiguo y Nuevo Testamento de la Biblia. Misteriosa es la moderna religación de Xavier Zubiri, donde la religión confiere a la vida humana su sentido, en base a su religación trascendental con la realidad espiritual absoluta que simboliza Dios, esto es, la relación del hombre con la divinidad.

Según Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.) en De natura deorum, II, 28, año 45 a.C., el sustantivo religio se deriva del verbo relegere. Lucius Caecilius Firmianus Lactantius (250-325 d.C.) en Divinae Institutiones IV, 28, redactadas entre los años 304-313 d.C. justo antes del Edicto de Milán, que logró el cese de las persecuciones contra los cristianos en el imperio romano, hace derivar la palabra religio del verbo latino religare.

Para Cicerón, la religión sería el conjunto de deberes cívicos en el culto a la divinidad cuyas reglas hay que observar escrupulosamente a través de la comprensión del significado de los símbolos. Para Lactancio, la religión tiene un carácter más existencial de religación del hombre con la trascendencia, con una entidad separada del mundo material.

Según el lingüista francés Émile Benveniste, en su summa etimológica Le Vocabulaire des institutions indo-européennes, desde el punto de vista lingüístico, no se puede derivar religio de religare pues no existe el abstracto ligio derivado de ligare. El sustantivo de religare (unir fuertemente, vincularse, aliarse) solamente podría ser religatio y no el dictum religio.

A partir del verbo legere se puede obtener el sustantivo legio (cuerpo armado o conjunto de soldados reclutados). De los verbos de los que se podría derivar la palabra religio, que serían

– religere (tener en cuenta, respetar), (Agustín de Hipona, Retractaciones I, 12, 9)
– religare (religar, atar fuertemente, volver a unir, reconciliar, recuperar la antigua alianza)
– relegere (leer atentamente, repasar escrupulosamente, observancia de la liturgia, reproducir con exactitud los ritos antiguos)

Obtendríamos por demostración more geometrico, los sustantivos siguientes:

– relictio de religere
– religatio de religare (etimología propuesta por Lactancio)
– religio de relegere (etimología propuesta por Cicerón)

El verbo legere tiene varios significados:

– leer a conciencia (sobre todo los textos antiguos, estudiar las sagradas escrituras)
– recoger, recolectar, agrupar (cosechar frutos, cereales)
– escuchar, espiar (percibir y captar con el oído)
– escoger, elegir (reconocer, cribar y decidir)
– leer en voz alta para uno o varios oyentes (cual anagnostés griego o monje que murmura en abadía)

Cicerón relacionaba la palabra religio con el verbo latino relegere (tratar con especial diligencia, deferencia), un derivado del verbo lego (reúno, recojo), del cual que se derivan los sustantivos neglego, intellego, diligo y dilectio.

Según el lingüista e historiador Walde, en la obra sobre etimologías del latín: Lateinisches Etymologisches Wörterbuch. Heidelberg: Carl Winter. Universitätsverlag, año 1965, página 352, las voces latinas: diligo, intellego y neglego, por tener la misma flexión, la misma derivación y por su significado, fueron sentidos por la conciencia lingüística de los romanos como pertenecientes al mismo léxico, según concuerdan los filólogos clásicos.

«Religión, 1220-50. Tomado del latín religio, -onis, ídem, propiamente ‘escrúpulo, delicadeza’, y de ahí ‘sentimiento religioso’.» Jaume Corominas: Breve diccionario etimológico, editorial Gredos, año 1967, página 501.

La expresión latina mihi religio est significa literalmente “me causa escrúpulo”. Un escrúpulo era como una piedrecita, una chinita que se ha quedado dentro del calzado y que molesta o duele en el pie al caminar, que obliga a detener el paso. La metáfora o traslación que ya utilizaban los romanos para dar sentido a la experiencia religiosa a través del escrúpulo era sentir respeto por los ritos antiguos, como un modelo insuperable que se debía estudiar, observar sus reglas y reproducir con la mayor exactitud posible el uso y significado de los símbolos.

Realizar algo “religiosamente” sería reproducirlo siempre con disciplina, sin flaquear, sin saltarse ni el tiempo ni el lugar o las formas, al modo del símbolo, mito y rito; mientras que reprochar a alguien “¡No seas tan religioso!” vendría a decir a otra persona que no hace falta ser tan escrupuloso en su solemne respeto al reproducir todos los detalles en los ritos, prácticas sociales, usos y costumbres inmemoriales de la historia de un pueblo.

La religión romana y su equivalencia con religiones reveladas teístas

Un gran historiador de las religiones, el escritor francés Cumont, en su obra Les religions orientales dans le paganisme romain publicada en París, año 1929, confere páginas 40-41, apuntó -con acierto y lucidez- que el culto de los dioses en Grecia y Roma era un deber cívico que debía respetar todo ciudadano con mayor observancia incluso que la legislación o el Derecho, por el contrario su vulneración y sacrilegio como las mutilaciones a las esculturas de Herma, una alta traición que conmocionaba a la sociedad entera, mientras que el culto de los dioses de misterios extranjeros, desde los oráculos caldeos, hasta el advenimiento de las religiones monoteístas, era la expresión de una fe personal en la conciencia individual.

Fue lo que hizo que el Imperio Romano se abriera a formas de religión distintas de las puramente cívicas, permitiendo una lisa y allanada victoria de los dioses griegos y orientales en los últimos siglos de la república romana junto con la admiración que sentían los legionarios romanos por Mitra, dios persa de la guerra que según su mitificación había sacrificado su vida por los demás soldados, purificando los pecados y el mal que los hombres hicieron en el mundo, anticipando el advenimiento del cristianismo. La organización social y política puede producir tal vez la ilusión de apuntalar una religión; sin embargo, generalmente perfora su credo, según el conspicuo Xavier Zubiri en su obra El problema filosófico de la historia de las religiones, publicada en Madrid, Alianza Editorial, año 1993, página 178.

La interpretación más extendida es la “cristiana” que dio Lactancio (304-311 d.C.), que hace derivar religio de religare, vincular, atar fuertemente, recuperar la alianza, simbolizar la unión entre los seres humanos de la misma fe. Los griegos y romanos en el periodo de la denominada antigüedad clásica no comprendían la religión separada de la vida política y del ámbito profano. A partir del edicto de Tesalónica en el año 380 d.C. el cristianismo se institucionalizó como religión oficial del imperio romano, para llevar la expresión del sentimiento religioso y la fe personal en la conciencia de cada persona, una esfera independiente, distinta de los deberes de la vida pública. La religio de los romanos que tenían cultos politeístas en el periodo previo a la expansión del cristianismo, no podía ser un credo separado de la esfera pública, la ética o la legislación.

Según el Diccionario histórico de filosofía Historisches Wörterbuch der Philosophie, de J. Ritter y K. Gründer, Darmstadt, año 1992, no existe un concepto general que abarque todas las concepciones religiosas de la humanidad. No hay ningún concepto que corresponda a todo lo que hoy se entiende por religión; ni incluso tomando todos los conceptos disponibles juntos se llega a expresar todo lo que hoy queremos decir con esta palabra. A diferencia de lo que hoy entendemos por religión, los antiguos conceptos se centran en la observancia escrupulosa de los ritos y el cumplimiento público de las normas del culto, así como de la ley religiosa, hasta tal punto como que muchas de las condenas a muerte en los tribunales eran por herejías o veneración de divinidades distintas del culto oficial.

El testimonio más antiguo del empleo de la palabra religio en latín es la cita que Aulus Gellius (130-180 d.C.) en su obra Noctes Atticae (Noches en Atenas, año 175 d.C.) hace de un verso de Publius Nigidius Figulus (98-45 a.C.), senador romano, neopitagórico, ocultista, amigo y consejero de Cicerón. Gelius cita un verso de Nigidius Figulus, que éste tomó de una vieja canción, para ilustrar el significado de la palabra religiosus. Este verso dice que hay que ser “escrupuloso y temeroso frente a los dioses”, pero sin ser “miedoso o supersticioso”. La religio, así como el hombre religiosus, significaría el cumplimiento escrupuloso de las obligaciones frente a los dioses.

En la comedia Curculio de Titus Maccius Plautus (254-184 a.C.) se comenta el rechazo de una invitación a una comida como algo que hubiera sido cuestión de religio (‘deber de conciencia’) haberla aceptado. Con la expresión religio est se apela a la conciencia de la persona; con la expresión religiosum est se prohíben determinados actos en determinados días por motivos ‘religiosos’ como se prohíbe el consumo de carnes los viernes de cuaresma, el viernes santo y el miércoles de ceniza. El ayuno como preparación a la pascua se utilizó en los primeros años del cristianismo, a partir del año 385 se celebraba en Roma un ayuno preparatorio hasta que se fija la duración exacta de 40 días, la cuarentena es una cifra que proviene de varias referencias bíblicas: ayuno de 40 días en el desierto que realizó Jesús, los 40 días que duró el diluvió universal en el Génesis, los 40 años de la marcha del pueblo israelita por el desierto en el Éxodo al ser liberados de la esclavitud en Egipto, los 40 días que pasó Moisés en el monte Sinaí según el Deuteronomio.

Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.) en su escrito De natura deorum II, 72, del año 51 a.C., «Los que retomaban cuidadosamente y de algún modo ‘reunían escrupulosamente (relegerent)’ todas las cosas que se refieren al culto de los dioses, estas personas han sido llamadas ‘religiosas’ de relegendo, como elegantes de eligendo, diligentes de diligendo e intellegentes de intellegendo. En todas estos términos subyace el mismo sentido de legere que en religioso.»

La etimología ciceroniana para religio donde ‘relegere’ se entiende igual que ‘observar escrupulosamente’ indica lo importante que era para los romanos la observancia escrupulosa del culto: la función primordial de la religión romana era el mantenimiento de las estructuras del Estado para evitar el desmembramiento del imperio. La religio era un mecanismo coercitivo que regulaba las relaciones sociales. Para los romanos ser religiosus significaba ser escrupuloso, esto es, escrupuloso en el cumplimiento de los deberes que se imponen al ciudadano en el culto a los dioses de la polis o Estado-Ciudad.

La religión romana es una religión cultual, es decir, se basa en la repetición meticulosa de una serie de ritos legados por la tradición. Estas ceremonias sobre las que se vertebra la religión sirven para establecer una relación entre dioses y hombres, y su fin es mantener la pax deorum, es decir, las relaciones de buen entendimiento, de amicitia, entre los dioses y los hombres, por temor a castigos sin explicación racional al carecer en la época histórica de métodos científicos para explicar enfermedades desde la medicina, experiencias dolorosas o desgracias al perder a seres queridos, donde no encontramos sentido a la tragedia de la existencia.

El culto era preventivo, puesto que no era necesaria la ruptura de esa paz para que se celebrasen las ceremonias ordinarias. Con sus rituales religiosos, los romanos buscan la seguridad de no tener que enfrentarse con la voluntad adversa de los dioses, y sus relaciones con ellos se establecen por medio de ofrendas y plegarias, indisolublemente unidos: se entrega algo a los dioses y a la par se solicita algo, según la fórmula contractual do ut des / quid pro quo.

Se denomina sacrificium al acto por el que se hace sagrado un objeto, entregándoselo a la divinidad. Podían ser públicos y privados, ordinarios o extraordinarios y estos últimos expiatorios o de acción de gracias. Las plegarias presentan unas formulaciones legalistas, por las que se establecen con escrupulosa precisión las relaciones recíprocas dioses/hombres, y que recogen todas las posibilidades que podrían hacer nulo el contrato o restarle validez en un intento de instituir un acuerdo irreprochable. Este estricto contractualismo afecta tanto al culto privado como al culto público. Según Carmen, Barrio de la Fuente, en su ensayo: La religión romana. El culto y las plegarias.

El origen exacto de la etimología de la palabra religio tiene interés histórico y podemos hablar de religiones en la cultura occidental, de origen latina, a partir de la segunda destrucción del templo de Jerusalén cuando en el año 66 d.C. la población judía se rebeló contra el imperialismo romano y las legiones destruyeron la mayor parte de Jerusalén y el Segundo Templo cuyo periodo abarca los años 530 – 70 a.C. cuando el judaísmo se convierte en la principal unión y soporte del antiguo pueblo de Israel y el reino de Judá.

El judaísmo, la mística judía en la Cábala, el Talmud como código civil, elaborado entre el siglo III y el V por eruditos hebreos de Babilonia y los rabinos de Eretz Israel, en definitiva conformaron el sentimiento religioso en el fuero interno sin necesidad de proselitismo, serían las creencias que protegerían al antiguo pueblo de Jerusalén de las persecuciones antisemitas que en la historia de la humanidad sufrieron tanto en Europa como en aquellas regiones del mundo donde los descendientes del pueblo de Judá formaron sus comunidades.

Los cultos a las divinidades como deberes cívicos previos al moderno derecho a la libertad de confesión religiosa

La disciplina institucionalizada como “historia de las religiones” es una investigación que comienza en Europa en el siglo XVII. Es significativo que la palabra religión no existe en otras lenguas que no sean romances, aquellas influidas directamente por la cultura romana y derivadas del latín. Las lenguas de los pueblos escandinavos, asiáticos, africanos, americanos precolombinos, en su historia previa a la evangelización colonial, no tienen una palabra cuyo significado abarque todo lo que en el ámbito cultural se expresa con la palabra religión, donde los cultos animistas sin un dios personal o el budismo originado en el Rig Veda no caerían bajo tal concepción, sobre todo la libertad de conciencia y la tolerancia religiosa en Tierra Santa hasta todas las regiones del mundo que profesan las tres grandes religiones monoteístas, Judaísmo, Cristianismo e Islam, que se originaron en los territorios palestinos y oriente próximo.

En la concepción griega de la religión se encuentran conceptos como theón timé (veneración de los dioses), nómos (orden normativo, tipos de herejías religiosas tipificadas en la ley, el rito, la liturgia), eusébeia (piedad o “pietas” latina, lo que es bueno de acuerdo a los dioses), to osion (lo pío, el comportamiento cívico para ganarse el favor de la divinidad) y aidós (respeto temeroso a los dioses). Deisidaimonía expresa también miedo a los dioses, pero tiene la connotación negativa de superstición. La observancia de las prescripciones rituales y la veneración de los dioses mediante la oración y las ofrendas se expresaba con los términos latréia (monolatría), therapéia (terapia) y threskéia. Pero threskéia, aunque ya se encuentra en Herodoto, para designar el culto y los ritos de Egipto, no es una palabra generalizada en el ámbito de la cultura griega. La palabra, que aparece esporádicamente en el Antiguo Testamento, threskéia es usada con frecuencia por Filón de Alejandría y Flavio Josefo, quizá influidos por el significado de la palabra latina religio. Aparece también en los Padres de la Iglesia y en el Nuevo Testamento, la Vulgata traduce threskéia al latín siempre por religio.

Al igual que latréia y therapéia, threskéia significa ‘servicio religioso’ y ‘culto divino’. La traducción de threskéia por ‘religión’ fue constante, pacífica y unívoca, pero no se trata, sin embargo, de un concepto central de la concepción griega en los cultos a los dioses. Más representativas son las formas de ateísmo expuestas por Platón en Las Leyes y, por encima de todo, las falsas imputaciones para condenar a muerte a Sócrates en el año 399 a.C. como rival político por no haberse mancillado en la persecución a León de Salamina, su simpatía por Alcibíades en la guerra del Peloponeso, su negativa a cobrar dinero por sus enseñanzas o dar lecciones y su ética insobornable en la asamblea ateniense durante los Treinta Tiranos.

El buen daimon de Sócrates y sus axiomas morales eran lo único que Sócrates consideraba seguro, de otras tejnes no sabía nada, aceptó la mayor injusticia contra sí mismo tras ser condenado a muerte por la ley religiosa antes que cometer injusticia contra nadie, tal como Jesucristo acepta ser condenado a muerte sin defenderse en un procejo judicial amañado, para que no muera otra persona, a pesar de que Poncio Pilato, prefecto de Judea es consciente de su inocencia, sin que tenga ninguna imputación sobre la cual debatir su culpabilidad para condenarlo.

La Vulgata, traducción de las sagradas escrituras de la Biblia al latín, emplea casi siempre la palabra religio para traducir del hebreo la palabra huqqat (‘ley’, ‘estatuto’, ‘ordenamiento cultual’), que en la Septuaginta se traduce por nómos (νόμος); alguna vez también para traducir h-‘aboda, los Septuaginta (Los Setenta traductores griegos de la Biblia hebrea) traducen por latréia (λατρεία).

El árabe como lengua semítica no emplea un concepto equivalente a religio en latín. El término Dīn, lo mismo que Scharia, no corresponden al concepto latino religión sino a la ley promulgada por Allah.

Los gatos guardianes del profeta Mahoma, venerados por los musulmanes

Los musulmanes son en general personas muy respetuosas con los gatos, pues el profeta Mahoma fue un escrupuloso y ferviente gatófilo. Existen muchas leyendas con hechos fantasiosos, no siempre ajustadas a la realidad histórica, en torno a la relación del profeta del Islam con los gatos, una de las más bellas anécdotas narrada en su biografía nos cuenta su relación con Muezza, una gata blanca con heterocromía.

Gatos en el Islam

Otra leyenda asegura que Mahoma es el responsable de la letra “M” escrita en mayúscula, como el nombre del profeta del Islam, en la frente de los gatos atigrados. Cuenta una antigua historia que un gato salvó a Mahoma de la mordedura de una serpiente venenosa, concretamente una víbora cornuda de arena, muy presente en el clima desértico de Arabia. El profeta estaba ocupado orando, tan absorto en la contemplación que no se percató de la proximidad de una serpiente, que esperaba sigilosa metida en un hueco, dispuesta para morder con sus venenosos colmillos.

leyenda gato atigrado

leyenda gato atigrado

Un gato apareció rondando y pese al temor que la mayoría de los animales tienen hacia las víboras o cualquier serpiente cuya mordedura inyecte toxinas, el felino logró ahuyentarla con sus bufidos y zarpazos. Mahoma acarició al gato en la frente, pasando su mano por la cabeza del gato barcino, dibujando en su cabeza el patrón en forma de “M” con cinco trazos, que desde entonces portan en la frente todos los gatos atigrados.

No menos importante es la veneración que Mahoma inculcó a los musulmanes por los gatos, aunque no siempre se estudie en la exégesis de los textos sagrados en el Corán y la Sunna, como fuentes de la revelación de Al-lāh: la teología y la ley islámica, los preceptos religiosos que los musulmanes atribuyen al profeta árabe Mahoma (570-632) y a los primeros cuatro califas ortodoxos.

En observancia, relectura y respeto a la tradición antigua, debemos religiosamente, eo ipso, por eso mismo escrupulosamente, acariciar con delicadeza la cabeza de los gatos romanos, felinos domésticos barcinos de pelaje atigrado.

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