El duelo por la muerte de nuestro gato

Tener una mascota conlleva la adquisición de un compromiso de larga duración, una responsabilidad hasta el final de la vida del animal doméstico, hasta afrontar el duelo en signo de luto tras su fallecimiento, tras una vida junto a su familia. Mientras los gatos callejeros tienen una esperanza de vida de apenas 5 años por las penurias de la falta de alimentos, padecer enfermedades sin acceso a tratamiento, los envenenamientos por elementos tóxicos o los atropellos, el promedio de vida de un gato doméstico en el interior de una vivienda con buenas condiciones de salud se eleva por encima de los 15 años, superando en ocasiones los 20 años, en gatos longevos de buena fortuna. Aunque los gatos están entre los animales domésticos con mayor esperanza de vida, toda persona que tenga un felino en su familia pasará por un duelo cuando fallezca su gato.

Antoine de Saint-Exupéry, El Principito, XXI

-Busco a los hombres -dijo El Principito-. ¿Qué significa “domesticar”?
-Los hombres -aclaró el zorro- tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
-No -contestó El Principito-. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”? -volvió a preguntar El Principito.
-Es una cosa ya olvidada -respondió el zorro-, significa “crear vínculos…”
-¿Crear vínculos?
-Efectivamente, verás -prosiguió vehemente el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado.

Toda persona que tenga un animal de compañía o una mascota, en tanto talismán familiar, debe saber que es responsable de protegerlo hasta el final de su vida dado que en cuanto animal domesticado es dependiente de su familia para poder seguir vivo, a diferencia de un animal silvestre que se vale de sus propios medios en la naturaleza y depende de su capacidad instintiva para aprovisionarse, sobrevivir y reproducirse en plena variabilidad y competición por los recursos dentro de la selección natural. El vínculo creado con un animal a través de la domesticación es similar a una simbiosis artificial al compartir un hogar y los recursos que los humanos poseen.

Debemos entender que buena salud o buenos cuidados en un gato doméstico u otro animal no es solamente alimentarlo y abastecerlo de unos recursos en la vivienda, sino atender también a sus necesidades etológicas o específicas: alimentación, ejercicio, reducir las situaciones angustiosas que producen estrés oxidativo, prevención de accidentes, tratamiento farmacológico y conductual de enfermedades.

Un gato casero que nunca sale al exterior de la vivienda no puede medir su espacio por unos metros cuadrados en terreno llano; su espacio se mide sobre todo en vertical: necesita lugares donde trepar, saltar, guarecerse e incluso esconderse para sentirse seguro en su territorio y no pasar ansiedad. Un gato doméstico suele ser feliz en una vivienda sin necesidad de salir siempre que no esté encerrado en un patio o terraza, mientras tenga buenos alimentos, tratamiento de enfermedades, sobre todo aquellas de origen cardiovascular, respiratorio, digestivo, endocrino e inmunitario.

No basta con llenar sus recipientes y tener la cartilla veterinaria con las vacunas y desparasitaciones realizadas puntualmente. Tendemos a pensar que las enfermedades más peligrosas se contraen en el exterior por contagio o infección, sin embargo suelen ser patologías tratables, mientras que el aislamiento, la obesidad, la ansiedad oxidativa cuando se perpetúan durante años suelen derivar en enfermedades endocrinas mucho más graves como la diabetes mellitus felina. Determinados virus inmunosupresores, síndromes crónicos, tipos de cáncer o patologías endocrinas que producen dependencia a un fármaco que puede tener un alto coste, requieren muchos medios económicos y competencia de los profesionales veterinarios que una infección tratable con antibióticos y medicamentos antiinflamatorios.

Muchas personas se preguntan qué harán si su animal de compañía enferma repentinamente, diagnosticado con un pronóstico veterinario muy grave; o por avanzada edad, temen que en poco tiempo pueda fallecer de causa natural por extrema vejez. ¿Cuánto tiempo más seguirá en la familia? ¿Qué puedo hacer para prolongar dicho tiempo y darle calidad de vida? ¿Debería prolongar su vida a toda costa?

Wendy Van de Poll, psicoterapeuta especializada en las etapas del duelo por la pérdida de seres queridos, ha publicado libros sobre cuidados paliativos para animales con enfermedades terminales y el duelo tras la muerte de un animal de compañía, notablemente los gatos. Wendy Van de Poll es autora de seis obras sobre el duelo por la pérdida de mascotas, y fundadora de Center for Pet Loss Grief, ubicado en Concord, New Hampshire, Estados Unidos, donde ofrece orientación sobre cómo una persona puede lidiar con la noticia de que a su animal le queda poco tiempo de vida.

Wendy Van de Poll y Siouxsie
Wendy Van de Poll y su gata Siouxsie.

En su libro, My Cat Is Dying: What Do I Do? (en inglés, Mi gato se está muriendo: ¿qué puedo hacer?), Wendy Van de Poll pone a debate el duelo respecto a la pérdida de nuestro gato y qué etapas atravesarán los lectores que, al igual que la autora, han perdido o verán fallecer a su gato en poco tiempo, en este último caso, a la manera de la medicina griega de la antigüedad clásica de esencia hipocrática en los tratados de las escuelas de medicina de Cos y Cnido, se decide el kairos, las medidas oportunas que los profesionales sanitarios en clínica u hospital veterinario pueden tomar en un tiempo decisivo para dar calidad de vida en la etapa final de la enfermedad o periodo crítico, cuando se decide si el enfermo va a morir o si tiene posibilidades de salir con vida de dicha crisis de salud.

Dicho tiempo crítico para salvar la vida del paciente no se decide en un instante pero tampoco se extiende cronológicamente como para perder tiempo al tomar la decisión más oportuna para la calidad de vida del enfermo y conseguir que no siga experimentando sufrimiento. Toda persona debe velar por su animal doméstico apartando recursos económicos en la medida que pueda ahorrar siempre como hormiga para cuando llegue una urgencia de salud donde una clínica local no tenga medios sanitarios suficientes para diagnosticar correctamente o dar tratamiento farmacológico supervisado sobre un animal enfermo y dado un pronóstico de salud muy grave sea necesario acudir con urgencia a un hospital veterinario con los medios técnicos necesarios.

“Pienso que la parte más difícil siempre es cuando recibes la información inicial en la clínica veterinaria que te anticipa que te prepares porque algo va realmente mal, [que tu gato se está muriendo]”. “Sobreviene primero un entumecimiento, pero lo más complicado viene después por un estado de caos mental y mucha ansiedad.” Además de tomar decisiones acertadas para dar calidad de vida en función del tratamiento veterinario y la medicación a seguir, respecto al estado emocional, lo más sensato según la autora es buscar comprensión de la experiencia del duelo. Wendy Van de Poll conoce esas etapas por su propia experiencia, tras la pérdida de sus gatos Dahlia y Siouxsie, que fallecieron en circunstancias muy diferentes. Aún así, al igual que otros dueños de gatos, recibió la noticia con suficiente tiempo para prepararse y tener las sensaciones previas al duelo.

Wendy Van de Poll sugiere que la persona identifique las sensaciones que son genuinas del duelo para tomar conciencia de que lo que le ocurre es algo común, como le sucedería a cualquier otro humana en la misma situación. Elisabeth Kübler-Ross describió en su modelo teórico 5 etapas características del duelo, negación, ira, negociación, depresión, aceptación, que igualmente concurren tanto respecto a la experiencia previa de la propia muerte, a la pérdida de un familiar querido y a la de un animal de compañía.

“Pensar que no te puede estar pasando, tener estallidos de ira o sentirse deprimido son episodios totalmente normales del duelo, que en realidad nos ocurren a todos en tales circunstancias.” La autora recomienda hacer una lista de control con las tareas o actividades importantes que queremos hacer en el tiempo que nos quede junto a nuestro gato, sin quedarse apesadumbrados por la tristeza del duelo tras su muerte.

“Dado el caos mental se nos puede olvidar desde lo más importante, como dar un medicamento a cierta hora, hasta aspectos lúdicos como tener un tiempo para mimar a nuestro gato y tenerlo en el regazo. Por eso es preferible escribir para recordar lo que queremos hacer, sea en los últimos meses, semanas o días.” Algo importante para sobrellevar el duelo es tener apoyo de gente que también tiene mascotas y amistades que comprenden lo que te está sucediendo, sin juzgarte maliciosamente como un tribunal de la Inquisición o un jurado popular con ansia de linchamiento, a pesar de vuestro sufrimiento.

Siouxsie
Fui muy afortunada por trabajar en una empresa aseguradora que incluye pólizas de hogar para mascotas, porque mucho/as compañero/as me apoyaron en los últimos días de mi gata Siouxsie. Mis compañero/as me hicieron esta tarjeta con frases de apoyo para mi gata Siouxsie, antes que decir por convención o inercia social que me acompañaban en el sentimiento, en señal de luto.

“En mis libros expongo que las personas que conviven con un gato deben establecer su lista entre lo que conocen que a su gato le gusta hacer, a saber: jugar con determinados objetos, alimentarse de sus latitas de comida húmeda favoritas, descansar acurrucado en cierto mueble o sobre ropa con el olor corporal de la persona que lo cuida, lugar preferido para dormir, etc. en concordancia con lo que el gato es capaz de realizar en función de cómo se deteriora su estado de salud, pues al final de su vida, los gatos enfermos o ancianos en extrema vejez reducen mucho su actividad.”

Siouxsie
Siouxsie descansando sobre su manta.

Es crucial haber tenido medios económicos y tomar decisiones acertadas para tratar lo mejor posible a nuestra mascota en su última etapa de vida, acudir a una clínica u hospital veterinario con criterio tanto en la fase de diagnóstico como durante el tratamiento de la enfermedad hasta la eutanasia, si es necesario. Poder acudir a un profesional veterinario, haber hecho todo lo posible por dar calidad de vida a nuestro gato si es diagnosticado con una enfermedad terminal, será determinante para evitar los remordimientos y el sentimiento de culpabilidad en el fuero interno, un cargo de conciencia que nunca cicatrizará al dejar en la estacada a un compañero por dejadez, cobardía, errores en el tratamiento veterinario, negligencia o falta de recursos económicos para pagar a profesionales veterinarios competentes que hagan su mejor esfuerzo antes que dejar fallecer al animal.

Dahlia y Siouxsie
Es importante volver a disfrutar momentos tan sencillos como tener a tu gato descansando sobre tu regazo, incluso cuando estás sentado/a frente al escritorio de trabajo.

En caso de que el gato padezca una enfermedad degenerativa que tiene una fase terminal de dramático deterioro, como leucemia felina, esclerosis o cáncer, llegará un día donde tendrás que tomar la decisión de llevar a tu gato a la clínica veterinaria para eutanasiarlo. En algunas clínicas u hospitales veterinarios, cuando se da un diagnóstico catastrófico, se suele preguntar al dueño/a si desea dejar al animal allí mismo o si desea eutanasiarlo tomando una citación próxima en el calendario. La mayoría de las personas se niegan de forma rotunda, pero pese a todos los cuidados paliativos, no se debe extender el padecimiento del animal en la última fase de la enfermedad. Probablemente la mayor lucidez y valentía está en acertar en qué momento poner fin al sufrimiento y que todo acabe de una vez. La persona que tenga un animal de compañía con una enfermedad terminal debe saber que lo que se denomina sacrificio es totalmente diferente de la eutanasia. No debe permitir que la mezquindad de gente mal intencionada le haga sentir todavía peor en momentos ya de por sí complicados.

Sacrificio es lo que hacen las perreras y zoosanitarios cuyas mugrientas instalaciones están administradas por empresas de control de plagas, en dependencias de un ayuntamiento o administración del Estado, recogen animales abandonados hasta un límite de aforo y presupuesto económico, manteniendo a los animales durante un tiempo mínimo establecido por la legislación, hasta que por orden de la administración o por limitaciones de recursos deben eliminar tandas de animales en cheniles en función de edad avanzada, enfermedad crónica, falta de sociabilidad, criterios que en definitiva condenan a los que tienen menos posibilidades de ser adoptados en hogares de familias que les den una buena vida. El slogan del sacrificio cero siempre tendrá la letra pequeña de las estrecheces económicas y será un principio moral respetado sobre aquellos animales que sean adoptables. Tal política sólo se la pueden permitir los refugios de asociaciones protectoras de animales que tengan suficiente financiación de donaciones y sus instalaciones sean propias, de modo que no dependan jerárquicamente de la administración estatal y no estén obligados a obedecer órdenes de sacrificar a sus animales para liberar cheniles, con el peso de los remordimientos que cargarán en el fuero interno de su conciencia.

Eutanasia, que significa “buena muerte”, es en cambio tomar una medida para terminar con el sufrimiento cuando no hay más formas de dar cuidados paliativos a un animal, en este caso un gato, que padece una enfermedad degenerativa, en fase terminal, en condiciones que no son soportables, sin expectativas. Respecto a cuando es el momento, algunas personas han declarado que tomaron la decisión cuando se producían crisis nerviosas en las que el animal no podía ni sostenerse sobre sus patas, debido al dolor del tumor, incluso con medicación sedante. No es por tanto recomendable prolongar el tiempo de forma egoísta cuando todo apunta al final de la vida de nuestra mascota.

“Es una de las decisiones más importantes y que más ansiedad generan. Nadie quiere tomarla por no temor a hacerlo en el momento equivocado, sobre todo demasiado pronto, pero es crucial.” Lo más razonable es seguir el criterio del profesional veterinario de confianza, las personas de la clínica que hayan conocido al gato, que hayan cuidado de él a lo largo de los años y durante el tratamiento de su enfermedad. Es bueno escuchar a personas sensatas que hayan tenido que tomar antes la decisión de eutanasiar a su animal de compañía y no tomar decisiones caóticas de último minuto. Saber en qué momento del agravamiento de la enfermedad tomaremos la decisión y cómo tendremos el duelo por su pérdida.

Wendy Van de Poll y Siouxsie
Deposité mi confianza en Siouxsie para que me dijera cuándo debería hacerlo. Mi amiga Carmen nos llevó a la clínica veterinaria para nuestra última citación y nos sacó esta última foto a Siouxsie y a mí.

“¿Cuándo es el momento correcto para evitar el sufrimiento de mi mascota? Me baso en lo que me transmiten mis animales”. “No siempre confiamos en nuestras intuiciones morales ni tampoco somos capaces de identificar y entender los mensajes que nos comunican los animales. Al cuidar de ellos en esta larga travesía vital, los obsequios que nos hacen son de una experiencia que siempre queda en la memoria tras el duelo por su pérdida.”

Una última decisión que tenemos que tener clara por adelantado al agravamiento del estado de salud de nuestro gato es si lo enterraremos o si pediremos la incineración para conservar sus cenizas en una urna funeraria. El sepelio no es habitual a pesar de que incluso existen cementerios de mascotas, siendo la opción más elegida en los animales domésticos de zonas urbanas, incinerar el cuerpo del animal. Las cenizas se pueden conservar en una urna funeraria en la vivienda o bendecir la tierra donde el animal fue feliz.

Memorial funerario a un gato doméstico
Recuerdo funerario con bigotes, uñas y dientes felinos de un gato fallecido, realizado tras el duelo para honrar su memoria por Brenda Roudebush, junto al retrato de su gato Hepsabah. Además de la cremación o incineración de los restos mortales para recibir las cenizas del gato fallecido en una urna funeraria, algunas personas realizan un afectuoso memorial en recuerdo de su gato con su fotografía en un marco que contiene un retrato con su nombre, además de restos biológicos con su pelaje, bigotes, uñas y dientes, como el gato gótico Hepsabah.

– Artículo en inglés sobre el duelo por la muerte de nuestro gato en Catster.
– Página personal de la autora Wendy Van De Poll.

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