Jornadas Felinas Andaluzas 2020 | Parte 3

Como en las anteriores ediciones de las Jornadas Felinas Andaluzas, una de las mejores crónicas del evento gatuno, fue escrita para sintetizar el conocimiento felino por la artesana de joyas MiMiga. Figuran resúmenes de los principales temas de debate, ideas desarrolladas en las conferencias de la tercera edición de las Jornadas Felinas Andaluzas, celebrada en Málaga el pasado 20 de febrero de 2020.

Jornadas Felinas Andaluzas 2020

Aunque las mesas de diálogo sobre implantación del método CER de captura, esterilización y retorno de gatos callejeros estaban dirigidos a las alcaldías y diputaciones provinciales andaluzas, son aplicables a cualquier región geográfica, pues la gestión ética de colonias felinas tiene cabida donde haya gatos callejeros, silvestres, que no estén domesticados, por lo que deben convivir en un entorno abierto, sea metropolitano, periferia urbana o rural.

Frente al fenómeno menos habitual de los perros vagabundos, más común en otros países europeos del Mediterráneo, como Grecia, como en todo lugar del mundo donde no haya elevada gentrificación o una burguesía muy establecida, los gatos callejeros están por todas partes: no hay un pueblo, municipio o ciudad, independientemente de la densidad de población, donde no haya grupos de gatos callejeros, de temperamento esquivo o con menor sociabilidad que los gatos totalmente domésticos. Los gatos silvestres sobreviven como comensales en regiones periurbanas, parques y jardines, pero no soportan el confinamiento en espacios cerrados.

La natalidad de los gatos callejeros se convirtió en un problema social por el sufrimiento de los gatitos que no sobrevivían por falta de alimento o por enfermedades, embarazos con camadas no deseadas de gatitos por falta de compasión de los humanos residentes, así como traumatismos lesivos, atropellos o agresiones a los gatos por no saber cómo convivir en un vecindario. Junto con sus detractores, los gatos han tenido simpatizantes que no siempre tenían los medios adecuados para controlar las colonias felinas, pues alimentaban a los gatos silvestres sin llevar a cabo campañas de esterilización, por lo que la población sobrepasaba los recursos para su supervivencia a largo plazo.

Jornadas Felinas Andaluzas 2020

En la conferencia de Agnès Dufau, Método CER: carta abierta a los alcaldes, se valoró el cambio de perspectiva de los políticos hacia el abandono de animales domésticos así como la gestión de colonias felinas de un modo más ético, sensible y con empatía hacia los gatos callejeros.

Décadas atrás, las ordenanzas municipales de los ayuntamientos prohibían alimentar animales callejeros bajo sanción administrativa con multas económicas desde 200 hasta 1500 euros, solamente se capturaban gatos silvestres por quejas vecinales a la concejalía de medio ambiente y para llevarlos a instalaciones de animales abandonados o sacrificarlos en caso de enfermedad. Todavía sin embargo se sigue multando a personas altruistas por dar comida a los gatos callejeros, recientemente en noviembre del pasado año 2019, fueron multadas dos cuidadoras de la Asociación para el Bienestar de Animales Abandonados de Pinto, Madrid.

Con el auge del movimiento animalista, la corriente social de trato responsable a los animales domésticos y mascotas, los ayuntamientos empezaron a permitir las acreditaciones de asociaciones protectoras que alimentaran y censaran a los gatos callejeros. En vez de malgastar dinero en capturas para sacrificar en zoosanitarios, hacinar gatos aterrorizados en instalaciones con cheniles o jaulas, se ha pasado progresivamente a implantar metodologías de esterilización y retorno para controlar la población de gatos urbanos.

Gestión ética de colonias felinas

Un método CER efectivo es aquel donde se esteriliza a más de un 80% -incluyendo hembras y machos- de la población felina censada en un entorno y se realiza seguimiento de los gatos callejeros censados en esa colonia para comprobar su estado de salud, convivencia social, así como evitar un repunte de la natalidad por abandonos o gatos recién llegados.

Los gatos callejeros esterilizados deben regresar al mismo entorno, sea urbano, rural, periferias de parques, próximos a viviendas o edificios públicos, en cualquier caso al territorio donde tienen su grupo social, generalmente originado por una matriarca y su descendencia gatuna, su lugar de arraigo donde se establecieron como colonia felina, por mucho que se considere que los gatos puedan orientarse en otras zonas periurbanas para explorar parques o jardines y que se adaptarían en otra ubicación donde migraran o fueran trasladados.

Ningún veterinario comprometido -valga el oxímoron- con los animales abandonados recomendaría trasladar forzosamente a los gatos callejeros hacia otra ubicación. Tal como indica la última sigla en la metodología de gestión de colonias felinas, los gatos que no son sociables, deben regresar o retornar a su grupo social en su propio territorio. No se debe soltar a un gato callejero en otra ubicación que no fuera un punto en las inmediaciones donde fue capturado para su esterilización.

Capturar, Esterilizar, Regresar

Los gatos que no han socializado con humanos en sus primeros meses de vida, sobre todo tras el periodo de lactancia y han permanecido en grupos sociales de gatos sin otra interacción que sus propios congéneres, no suelen tolerar el contacto con humanos, no son dóciles, mansos ni sociables para aceptar que los acaricien o retengan en brazos. Por este motivo, la captura se realiza con jaulas trampa y un cebo de comida. Igualmente los felinos silvestres son transportados con una manta o textil que tapa la jaula durante los trayectos para reducir la angustia y ansiedad en los gatos capturados para su esterilización en una clínica veterinaria u hospital veterinario.

Un gato feral o silvestre, nunca se adaptaría a vivir confinado en el interior de una vivienda, por lo que no sirve ni llevarlo a unas instalaciones de recogida de animales abandonados esperando ingenuamente un ángel adoptante ni tampoco llevarlo a una casa para ver si se adapta a vivir encerrado con humanos. El gato feral no necesita más beneficencia que encontrar comida y tranquilidad, no quiere ser salvado por quijotes, rescatado por monjas misioneras, madres de Calcuta, locas de los gatos ni white knights y demás do-gooders de la vida, salvo que lo dejen vivir tranquilo, porque el hogar del gato feral está en exteriores, donde puede explorar en libertad.

Bien es cierto que incluso los gatos ferales más esquivos y asilvestrados pueden llegar a identificar y reconocer la fisonomía de las personas cuidadoras que los alimentan de forma cotidiana y en horarios establecidos. Los gatos ferales pueden incluso sentir emociones de satisfacción y tranquilidad al ser abastecidos por sus cuidadores, los felinos silvestres establecen vínculos más allá del comensalismo con sus benefactores, que no son meramente para los gatos callejeros quienes aportan alimentos o dejan comida, agua fresca y después se marchan. Los gatos silvestres de las colonias felinas también detectan que si obtienen refugios fabricados como las cajas revestidas para el frío invernal es gracias a las personas cuidadoras y que tales recursos útiles no se encontraban en su entorno natural ni han aparecido misteriosamente.

Jornadas Felinas Andaluzas: gatos callejeros

Aún así, el radicalismo y fanatismo tan habitual en el movimiento animalista no debe hacer pensar que los gatos ferales necesitarían ser trasladados a instalaciones cerradas ni ser todos adoptados en viviendas. Su hogar serán siempre los espacios abiertos en exteriores y pueden vivir muy felices pese a los riesgos de la metrópolis o la campiña. La única excepción para justificar que un gato callejero capturado no retorne a su ubicación original y sea llevado a una vivienda para darlo en adopción es que se trate de un gato doméstico perdido, extraviado o abandonado pero de carácter muy dócil, que de manera evidente busca protección humana y se deja llevar en brazos para ser cuidado, sobre todo en un grupo social jerarquizado donde otros gatos de instintos salvajes, que parten el bacalao en la colonia, pueden atacar al gato casero perdido para no compartir sus recursos en la lucha por la supervivencia.

El traslado o reubicación de las colonias felinas a otro entorno periurbano sería la última posibilidad, una opción de último recurso, no exenta de riesgos y enfrentamientos vecinales. Los gatos silvestres que, tras despertar de la esterilización, sean conducidos a otros entornos, estarán totalmente desorientados al verse en un territorio que no es el suyo, donde hay olores y rastros de marcaje territorial de otros animales, por lo que se sentirán amenazados desearán regresar a su anterior hábitat con el riesgo de ser atropellado en los cruces. Ni los vecinos que ya aceptaban a los gatos silvestres en su anterior barrio aceptarán de buen grado su migración, sintiéndose tristes al perderlos de vista, incluso si no eran parte del voluntariado que los cuidaba, ni los vecinos en el nuevo barrio tolerarán la llegada imprevista de gatos callejeros en las proximidades de su inmueble.

Las Jornadas Felinas Andaluzas recordaron la ponencia de Gabriel Bustillo, veterinario especializado en medicina felina para gatos en refugios, en el mismo sentido tanto la Plataforma Gatera como la asociación veterinaria AVATMA rechazan las reubicaciones y traslados de gatos callejeros como mala práctica ante quejas vecinales e incluso como metodología dentro del CER para buscar entornos urbanos más seguros o alejados de vías de tráfico. La metodología general para la gestión ética de colonias felinas en entornos urbanos está expuesta en Posicionamiento del Grupo de Medicina Felina GEMFE-AVEPA sobre el manejo de colonias felinas, así como otra documentación con guías y preceptos sanitarios.

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